Color y luz en el ambiente

Desde el punto de vista físico, el color no puede ser entendido sin la luz. Igualmente desde el punto de su aplicación decorativa, cualquier color, sea cual sea su tonalidad, no es otra cosa que la mayor o menor intensidad de luz que refleja. Por lo tanto, al hablar de color no hay que considerarlo en su abstracta cualidad de tinte o color propiamente dicho como uno de los elementos diferenciados en el espectro: se tiene que conceptuar en base a su intensidad pigmentaria, teniendo en cuenta la mayor o menor brillantez del pigmento que lo distingue así como la mayor o menor claridad u oscuridad en función de una gama que se corresponde con la existente del blanco al negro pasando por el gris.
La tonalidad de un mismo color puede ser muy diversa según su grado de intensidad y, a la vez, ya que nunca van separados en la realidad, según su nivel de oscuridad se halle menos o más cerca del negro.

Por lo tanto, e independientemente de que un color refleje mayor o menor cantidad de luz a tenor de su cualidad pigmentaria, cuando en decoración se habla de color como valor decorativo se halla siempre implícita esta consideración de difícil concepción abstracta que es la de la tonalidad.
Y es en este sentido como hay que entender los ejemplos gráficos que se acompañan, en los que se ha procurado resumir los principales factores que intervienen cuando el color se utiliza como elemento de valor decorativo. En una habitación de este tipo no puede falta una bonita chimenea que cree un ambiente acogedor. En internet puedes encontrar todo tipo de estufas, sin embargo nosotros os recomendamos que busquéis calefactores y estufas en venta en www.linio.com.pe.

Si bien tradicionalmente se acepta que son tres los colores primarios o puros (el amarillo, el azul y el rojo), no dejan de existir teorías que incluyen como color primario el verde, que los teóricos del primer sistema consideran una mezcla del amarillo con el azul. Independientemente de estas contradicciones teóricas, lo que importa es tener en cuenta la sucesión de los colores tal cual se presentan en el espectro y las posibles tonalidades que cada matiz de color pueda tener para considerarlo como algo decisivo en una impresión visual de un ámbito dotado de luz en mayor o menor intensidad.

Las tapas para la encuadernación

Mientras el encolado de las guardas anterior y posterior se secan, se puede empezar a preparar las tapas. Lo primero que hay que hacer es recortar el revestimiento exterior, que se hará con un trozo de tela plastificada y que puede hallarse dentro de un surtido muy variado de colores. Pero también cualquier tela o tejido corriente puede servir para el caso.
■ La anchura de la hoja tiene que ser por lo menos el doble de la anchura de base de los fascículos, más el grosor del volumen y más otros 70 mm. La altura tiene que corresponder a la de los fascículos más 60 mm.
■ Extender la hoja con la parte que ha de quedar a la vista hacia abajo y marcar sobre la hoja o tela con regla y escuadra dos rectángulos iguales que representarán las dos caras de las tapas (los cuadrados), cuyas dimensiones son las de los fascículos más 30 milímetros más a lo largo de los bordes (superior, inferior y exterior).
■ Ambos rectángulos se hallarán distantes tanto como corresponde al grosor del volumen más 10 mm más: en este espacio se dibuja un rectángulo cuya altura y anchura constituirá el lomo del volumen que tendrá por lo tanto el grosor del volumen y será igual en altura a los rectángulos adyacentes pero dejando entre ellos 5 mm de separación. Este margen servirá para formar las canales que facilitarán el que se abran sin tensiones las tapas.
■ Hay que cortar también de un cartón recio (su espesor puede variar de 1 a 2 mm) dos rectángulos, que han de tener las mismas dimensiones que los cuadrados trazados en el reverso de la tela y un tercer rectángulo (preferiblemente con un cartón menos grueso) que corresponda a las dimensiones del lomo. A continuación se encolan en el dorso de la tela con cola vinílica. Todo lo que sobre por los bordes se retorna, después de haber cortado al sesgo las partes correspondientes a las cuatro esquinas externas de las tapas, encolando el resto replegado sobre el cartón de las tapas. Recordar el uso del palillo de hueso para corroborar los pliegos ya encolados.

Acabados y títulos.
■ Antes de montar la tapa se extiende sobre el lomo del volumen una capa de cola vinílica dejándola que se seque durante 24 horas. Luego, se martillea ligeramente este dorso para proporcionarle un ligero curvado. Si es posible conviene retornar la tela de seda de uno y otro lado del lomo para proporcionar un pequeño margen protector del mismo.
■ A continuación se pasa al encolado de las cabezadas que son elementos de tipo decorativo, de algodón o rayón, que se colocan en ambos extremos del lomo para proporcionar al volumen encuadernado un cierto refuerzo, además de conferirle el aspecto de un cuerpo completo y cubrir el cosido de cadenilla que pudiera quedar a la vista.
■ Aplicar las cabezadas, encolándolas en caso necesario, mediante un refuerzo de papel de hilo, procurando que sobresalgan algo sobre el nivel de las guardas. Todo esto sirve para reforzar el cosido y el conjunto de toda la encuademación. Ahora se puede pasar ya al encolado de las tapas al volumen.
■ El procedimiento es muy sencillo: la cara externa de las guardas del inicio y del final del volumen se encolan con la cara interna de las tapas. La operación se realiza siempre con cola vinílica, apretando bien con el palillo de hueso.
■ El libro, tan pronto como ha quedado encuadernado, tiene que colocarse plano y con algo de peso encima durante algunos días, de modo que la cola se seque del todo y para que al secarse no se deformen las tapas.
■ Es posible estampar los títulos, en las tapas y en el lomo, según varios sistemas: uno de ellos es el uso de letras transferi-bles, quizás el medio más sencillo, o bien realizarlo según el más complicado que consiste en una impresión en caliente de oro. En el comercio se pueden hallar cuñas y troqueles para imprimir letras y decoraciones (hierros) de muchos estilos y tamaños, pero esto requiere una habilidad y práctica de profesional.

Preparación de la encuadernación

La técnica artesana tiene en su haber muchas maneras de llevar a cabo una encuademación y de dotar de tapas una serie de fascículos o de pliegos, pero en el fondo, siempre se sigue un mismo principio. Se trata de realizar con un hilo algo grueso un cosido de tipo especial que, reteniendo entre sí los pliegos mediante un sistema de unión a base de cintas o bramantes, permite mantenerlos unidos formando un solo bloque.
■ El conjunto de los fascículos recibe unas hojas complementarias de papel grueso y resistente (tanto al principio como al final) denominadas guardas, que proporcionan una mayor consistencia a todo el conjunto y lo protegen. Naturalmente que, según la importancia de los pliegos que se reúnen, las tapas serán más o menos rigidas y se podrá acabar y decorar de distintas maneras.
■ Para proceder a una encuademación sencilla se precisan unos materiales elementales y básicos que se pueden procurar en una tienda que disponga de un buen surtido de papeles o en tiendas que sirven a los encuadernadores: unas cuantas hojas de papel blanco recio para utilizarlo en las guardas; papel de hilo, cola blanca, hilo ele lino; cinta tic algodón o cáñamo o, simplemente, un bramante de cáñamo recio; cinta de seda para cabeceras del lomo denominadas cabezadas; cartón algo fuerte para las tapas; tela o bien hojas de tela plastificada para el recubrimiento de las tapas y el lomo.

El cosido.
■ Se trata de la operación más importante y se puede decir que, si se ha realizado como es debido, toda la encuademación se mantendrá establemente: los elementos que se incorporarán después y los sucesivos encolados, no podrán mejorar un trabajo de cosido mal hecho.
■ Después de haber ordenado las guardas y los fascículos en el orden correcto y bien apilados se procederá al cosido de estos elementos uno por uno. El trabajo que hay que realizar consiste en un cosido a lo largo del pliegue, haciendo entrar primero el hilo desde afuera como a unos veinte milímetros del extremo inferior, haciéndolo salir y volver a entrar dos o más veces (según cuál sea la dimensión del libro) de manera que se logren dos o más pasadas externas en las que queden trabadas las cintas o bramantes.
■ Todos los fascículos deben coserse según el mismo sistema y, poco a poco, se hace pasar un bramante o cinta dentro del relativo espacio entre hilo y fascículo o pliego. De esta manera se obtiene un conjunto de pliegos unidos entre sí por medio de dos o más cintas o bramantes.
■ Las partes iniciales y terminales del hilo de cada fascículo tienen que ligarse y retenerse entre sí, formando así dos cor-doncitos o cadenillas. Las cintas se tienen que cortar con un margen de 20 mm de más de todo el grosor de los pliegos reunidos: servirán para ser encolados estos extremos después de haber colocado las guardas.
■ Las guardas son las dos páginas blancas que se presentan en el inicio y al final de un libro. Sirven para proteger las páginas de un contacto directo con las tapas y también para crear un medio físico de enlace entre el conjunto de pliegos con las tapas. Cada guarda está constituida por un folio plegado a lo largo de la línea central, de manera que tenga la misma medida que las páginas de los pliegos que se encuadernan.
■ Una cara de la guarda se aplica sobre la primera página del primer pliego y se encola a lo largo del mismo en una anchura de 10 mm del canto interno. El encolado se realiza siempre con cola blanca aplicada en poca cantidad para no empapar demasiado el papel. La presión sobre la parte encolada se practica con un palillo de hueso que resbala bien sin dejar huellas sobre el papel. Cuando la página de guarda que se halla en contacto con el volumen ha quedado encolada, se puede proceder al encolado de los’trozos de cinta o de bramante que han quedado sueltos en el lomo de los pliegos cosidos.

Encuadernación sencilla

Cambiar unas tapas deterioradas o encuadernar una serie de fascículos son trabajos que se pueden llevar a cabo fácilmente, sin ayuda de nadie y sin necesidad de instrumentos especiales.
La exigencia de encuadernar fascículos, entregas o viejos cuadernos escolares se presenta periódi-camente cuando se trata de poner orden en los papeles que se guardan y se quieren alojar dentro de una librería como otro elemento cualquiera de fácil localización. Por lo tanto es interesante saber afrontar este trabajo, amparándose en un sistema que sea bastante sencillo y que esté al alcance de todos. Con un poco de paciencia, cualquiera puede encuadernar todo lo que desea e incluso remplazar las tapas de libros viejos o estropeados.

Acabado y decoración

Se aprovecharán los tiempos que hay que dejar para el secado para disimular clavos y tirafondos de fijación de los paneles. Hay que rellenar todas las depresiones y enrasarlas con la superficie del panel. Para ello se tapan con el producto de rellenado y luego con el de acabado.
Cuando la capa de acabado esté totalmente seca, se pueden disimular las diferencias de textura que ofrezca la estancia dando una capa de acabado diluida. Para esta aplicación se puede emplear el tampón imprimiéndole movimientos cir culares amplios.
Existen cornisas prefabricadas para disimular el encuentro de los paneles con el techo.

Se vuelven a colocar los zócalos que se hayan sacado antes, utilizando para ello las referencias marcadas previamente en las tablas.
Cuando las juntas y la capa de acabado estén perfectamente secas, se podrá empezar a decorar la estancia, procurando utilizar productos que sean compatibles con el yeso. Si hay que empapelar, se da una capa especial de aparejo, sobre todo si se piensa cambiar más adelante el papel. Si es necesario pintar, una capa de este aparejo previo permitirá también lograr un acabado casi perfecto al mismo tiempo que limitará el poder de absorción de las placas de yeso.

Angulos entrantes y salientes

Los paneles rectos son relativamente fáciles de juntar. Las dificultades empiezan cuando se tienen que ensamblar en rincones y esquinas. Si se trata de un panel recortado, se empieza lijándolo someramente para eliminar las partículas que sobresalgan y luego se da un aparejo vinílico en todo su canto para reducir el grado de absorción del yeso puesto al descubierto. Luego solamente se tendrá que rellenar con un producto idóneo el intersticio existente entre el panel biselado y el panel recortado. cuando el producto de rellenado esté seco, se extiende una capa del de acabado (no del de rellenado) que servirá de soporte a la tira de calicó. Para acabar, se dan dos capas suplementarias del mismo producto, respetando el tiempo de secado entre una y otra y procurando nivelar el producto con ayuda del tampón con el fin de lograr un acabado perfecto.

Los ángulos entrantes suelen ser el punto de encuentro de dos paneles recortados, con lo que uno de los cantos quedará disimulado por recibir el otro a tope. Por lo tanto, se empieza rellenando el intersticio que se haya producido con un producto de rellenado y luego se aplica una capa del de acabado en ambos lados de la junta. Se corta la tira de calicó necesaria y luego se encola cuidadosamente en el rincón, procurando ir sacando con una hoja rígida y un pincel todas las bolsas de aire que pudiesen quedar aprisionadas.
Se da a continuación el producto de acabado en una anchura de 75 mm en cada lado, rebajando los bordes con el tampón. Se deja secar antes de aplicar una segunda capa de unos 100 mm, que se extenderá en ambos lados.
Los ángulos salientes implican un tipo de manipulación ligeramente diferente, ya que se requiere el uso de una tira de calicó reforzada en los bordes con tirillas metálicas. Primeramente se procede a aplicar un aparejo acrílico en los bordes que se han recortado para reducir de esta manera el grado de absorción de agua.

Después de haber cortado la tira de calicó a la medida necesaria, se marca el pliegue correspondiente a su punto medio. Se aplica luego a ambas partes del ángulo una ancha capa (50 mm) de producto de rellenado en el que se encolará la tira apretándola firmemente y comprobando si el ángulo formado es completamente recto. Inmediatamente después, se aplica el producto de relleno a ambos lados (125 mm), suavizando los bordes con el tampón de espuma húmedo. Cuando esta capa primera esté seca, se recubre con el producto de acabado, procurando siempre rebajar los bordes. Para terminar, y cuando haya secado completamente todo, se da una última capa (200 mm) de acabado en cada lado del ángulo.
Para proteger mejor las esquinas es recomendable emplear un perfil especial para ángulos salientes hecho a base de acero galvanizado perforado. Se extiende el producto a 50 mm a ambos lados y se aprieta el perfil, eliminando el material que salga por los agujeros. Para mayor seguridad, se clavan dos puntas suplementarias en la tira. Cuando haya secado el producto de rellenado, se da una segunda capa con la hoja rígida y se nivelan los bordes con el tampón húmedo. Se deja el perfil visto, si se desea conservar un ángulo sólido.

Trabajos de rejuntado

Si se emplean paneles de yeso para realizar cualquier clase de trabajo con el fin de evitar la difícil operación de acabado, la tarea más delicada consistirá en saber disimular las juntas entre placas. Por otra parte, si luego solamente se da una capa de pintura encima de las placas, se deberá prestar mucha atención al rejuntado.
Para realizarlo convendrá disponer de una tira de calicó (o una tira microperforada especial para juntas), un producto para relleno y otro para el acabado. En los ángulos salientes se suele utilizar una tira reforzada. También se necesitará una espátula para enmasillar rígida de 200 mm y una rasqueta estrecha (de 50 mm) para facilitar la colocación de la tira sobre la junta. Un tampón o esponja de espuma sintética circular montada sobre un mango de madera será también muy útil, ya que servirá no sólo para sacar el producto de relleno sobrante sino también para nivelar los bordes y para aplicar un acabado final completamente liso.
La técnica del rejuntado suele depen der del perfil de los bordes de las placas.
Los paneles achaflanados suelen empalmarse para formar una junta característica en forma de V, junta que se rellenará con un poco del producto de acabado.

Las juntas de paneles con aristas vivas utilizadas sobre todo cuando se desea realizar un enyesado de acabado, suelen taparse simplemente con una tira de calicó utilizando una cola apropiada.
El procedimiento de rejuntado suele asociarse muchas veces a los paneles de bordes biselados, gracias a los cuales es posible obtener una junta perfecta y, por asi decirlo, invisible.
Antes de comenzar esta operación, se completa el atornillado de los paneles y se limpian las superficies que entran en contacto para retirar la suciedad y el polvo que se hubiera depositado. Se preparan los productos de rejuntado, respetando las proporciones indicadas en el envoltorio.
Se vierte el polvo espolvoreándolo sobre el agua al mismo tiempo que se va agitando ésta constantemente hasta conseguir una mezcla que tenga una consistencia cremosa.
Generalmente, esta dilución tiene una duración de media hora aproximadamente. Por lo tanto, se tendrá que ir preparando las cantidades a medida que se vayan necesitando, para evitar que endurezcan. Se desechará la preparación si se nota que empieza a endurecer; se procurará además mantener los utensilios limpios antes de proceder a realizar una nueva mezcla.
Con una hoja rígida se extiende una capa continua a lo largo de la línea de unión entre dos paneles. Si hubieran quedado unos intersticios demasiado grandes, se rellenan antes, asegurándose de que el aparejo ha quedado bien apretado.

Se corta el calicó a la longitud adecuada y se aplica sobre la masilla dada anteriormente, ayudándose con la rasqueta (o con un instrumento análogo). La tira de calicó cabalga encima de ambos paneles y refuerza la estabilidad y homogeneidad de la junta. Por eso, conviene que el producto de rejuntado tenga una consistencia espesa, de modo que se logre una adhesión importante. Por otra parte, se evitará que se produzcan burbujas de aire o que, si se producen igualmente, queden aprisionadas, ya que ello podría dar lugar, más tarde, a resquebrajaduras y ampollas. Inmediatamente después de haber aplicado la tira de calicó, se da una segunda capa de producto de rejuntado sobre toda la superficie que rodea la junta hasta lograr igualar la superficie de los paneles. Antes de que la pasta seque, se impregna el tampón de espuma y se emplea el mismo para sacar el material excedente. Se lava continuamente el tampón mientras dure la operación y se deja a punto, completamente seco, después de haberlo usado. Si se daña la capa de rellenado, se deja secar del todo antes de proceder a una segunda aplicación. Si durante el secado se comprueba que la capa de rellenado se hunde en algunos sitios, ello se deberá a haberla empleado demasiado diluida o a no haber dejado suficiente tiempo de secado entre una y otra capa. Este defecto puede corregirse aplicando una nueva capa en donde sea necesario. Cuando el rejuntado esté completamente seco (aproximadamente al cabo de una hora) se aplica una última capa de acabado en toda la zona rejuntada.
Deben seguirse las instrucciones indicadas en el envoltorio. Este producto tiene la consistencia de una crema espesa. Para compensar la eventual evaporación y devolver a la mezcla la consistencia original, se puede ir añadiendo agua poco a poco. Pero, sin embargo, no es conveniente guardar la mezcla de un día para otro.
Con ayuda de la rasqueta se sacan las imperfecciones que se hubiesen producido. Con la hoja rígida se extiende este producto de acabado sobre una banda de 200 mm de anchura y luego se nivelan inmediatamente los bordes con la ayuda de un tampón de espuma humedecido. Se deja secar bien antes de aplicar una segunda capa de 250 mm de anchura aproximadamente, procurando rebajar los bordes todo lo posible.

Guijarros, cantos rodados, piedras y mosaicos

Las bases de cantos rodados como los que se ven permiten recubrir zonas en donde las plantas no crecen debido, por ejemplo, a la falta de sol. Las piedras, elegidas en función de su tamaño y color, se podrán adquirir en centros de jardinería o en un lugar de extracción de arenas. Con paciencia se puede arreglar una calle a base de cantos rodados o de guijarros cuidadosamente elegidos y formando un mosaico. Las piedras deben descansar sobre un lecho de hormigón. Lo importante es elegir cuidadosamente cada uno de los cantos rodados, de modo que, una vez dispuestos todos, se logre una superficie uniforme.
Una avenida de piedras sin pulir, no es tan fácil de realizar como puede parecer a primera vista. Estas piedras se pueden obtener en canteras, pero hay que saber elegirlas atentamente, procurando que tengan siempre un lado plano que pueda emplearse para establecer una superficie.

Una vez dispuestos, estos elementos deben combinar más o menos con los que los rodean, de manera que resulte un conjunto lo más regular posible. Unas avenidas con piedras sin labrar proporcionarán un gran encanto a los jardines con árboles y matorrales, evocando un lugar rural al que el jardín, por pequeño que sea, le conferirá mucho carácter. Una parte de su atractivo procede de las hierbas y las plantas que crecen libremente entre las piedras. Pero también en este caso convendrá combatirlas, aunque sea parcialmente, para que no acaben invadiendo toda la avenida, que de esta manera resultaría resbaladiza.

Avenidas de madera en jardín

A la hora de elegir material de pavimentación, se suele adoptar la piedra y otros revestimientos duros de este estilo. Muchas veces no se piensa en el uso de gruesas vigas de madera, que resultan de fácil colocación. Los materiales más adecuados para este uso son las traviesas de ferrocarril o las vigas de recuperación procedentes de derribos.

Si las vigas han sido completamente impregnadas de un producto de protección antes de instalarlas en el jardín, la avenida se conservará durante mucho tiempo en perfecto estado. Un lecho de guijarros o de grava constituirá un buen asentamiento.
Unas vigas antiguas recias pueden quedar semiencastradas en un material similar, bastando para ello realizar unos surcos profundos en un lecho de piedras ya existente o bien dejarlas simplemente sobre un suelo desnudo antes de rellenar los intersticios con guijarros de un tamaño adecuado. De esta manera, las vigas se hallarán firmemente retenidas. Se podrán emplear largos diferentes para crear un borde irregular y ofrecer así un aspecto más rústico.

El camino que aparece bajo estas líneas descansa sobre un suelo de cantos rodados por un lado y linda con un césped por el otro, logrando así un punto de unión entre dos partes de un jardín. Las traviesas se han colocado empalmadas por los extremos para lograr una mayor diferenciación con la disposición que se muestra a la derecha. Unos escalones unen este paso con la avenida más tradicional de hormigón situada en el fondo, rodeando el césped.

Las avenidas de madera envejecen de una manera diferente a las de piedra o de ladrillos. Con el tiempo, se van cubriendo de musgos y liqúenes. Si bien estas proliferaciones añaden un cierto encanto, es importante combatirlas en ciertos sitios de paso, pues en días de lluvia pueden ser muy resbaladizas. Los bordes con musgos surten, por otra parte, un gran efecto.

Embaldosados para el jardín

Contrariamente a los ladrillos, las baldosas suelen ser de tonos neutros o pasteles; la mejor manera de sacarles partido es buscar una disposición informal de las mismas. Constituyen el material ideal para pavimentar jardines pequeños y patios; dispuestas como muestra la fotografía que aparece abajo a la derecha, permiten el crecimiento de la hierba, aun en espacios reducidos. Mediante la utilización de césped entre las baldosas se logrará romper la monotonía de una extensión gris y fría y conseguir al mismo tiempo un patio que resulte más atractivo.
La calle que atraviesa el césped, arriba a la derecha, habría podido trazarse en línea recta, pero con la disposición irregular, en una especie de intervalos en progresión geométrica, se logra una vía de acceso sinuosa y armónica sin necesidad de tener que elaborar curvas complicadas.

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