REVESTIMIENTOS DE SUELO TRADICIONALES

El recubrimiento total de una habitación con una estera o una alfombra consiguió una mayor divulgación cuando después de la era industrial se lograron imitaciones de alfombras tradicionales en forma de tiras o pasillos.
Los esterados (más baratos) y los alfombrados que se emplearon con mayor profusión a finales del siglo pasado eran unos recubrimientos de suelos que solamente se colocaban al llegar la temporada invernal y que al venir el buen tiempo se retiraban para guardarlos. Tanto los primeros como los segundos requerían la intervención de unos especialistas, los cuales se encargaban de recortar y unir entre sí las tiras, procedían a su reparación o sustitución en caso de desgaste o perjuicio y se encargaban, asimismo, con la ayuda de todo un equipo especial, del levantamiento y traslado de los muebles debajo de los cuales tenían que disponerse los revestimientos.
Normalmente, para evitar que los suelos alfombrados adquiriesen arrugas se solían tensar y clavar en los bordes junto a las paredes y en los umbrales de puertas.
Para facilitar este clavado hubo muchas casas, tanto urbanas como rústicas, en las que ya se disponía un listón de madera que recorría toda la periferia de aquellos espacios que se estimaba posible alfombrar y que eran naturalmente las piezas de más relevancia: salones, comedores e incluso habitaciones de dormitorio y aseo. En muchos pisos construidos a finales de siglo pueden encontrarse estos listones junto a las paredes.
Se comprende, pues, que tanto por sus exigencias de montaje y desmontaje como por todos los demás trabajos habituales de conservación y mantenimiento, el uso de alfombrados o de esteras obligase a realizar unos gastos importantes, aun cuando la mano de obra fuese muy barata comparada con la de hoy día.

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