Espacios: forma real y apariencia

Del mismo modo que conocer el manejo de la máquina de escribir no implica que se sepa escribir, el conocimiento de las técnicas de pintura, empapelado, tapizado, revestido y recubrimiento de las superficies que delimitan una habitación no basta para otorgarle una apariencia atractiva y enmendar eventuales defectos o sensaciones visuales desagradables. Cada valor decorativo, si bien puede designarse con un nombre concreto (volumen, línea, color, proporción, etc.), no puede considerarse independientemente de los otros. La misma línea queda establecida por la frontera entre dos colores; igualmente, la proporción entre dos superficies no sólo corresponde a la real que posee ambos planos, sino a la impresión de contraste de color, de tonalidad o de textura que sugieren al contemplarlos.

Las líneas, aunque realmente están materializadas por rayas o por ondulaciones, llevan implícita la reiteración de dibujos, de tonalidades de color, en la disposición de una serie de objetos o de muebles, de unas texturas, etc. Así, puede suceder que al adquirir un papel de pared dejándose llevar por lo agradable o lo animado de un dibujo, se produzca una verdadera sorpresa cuando este papel, deliberadamente elegido, al ser visto en forma desplegada y con los motivos reiterados de tira en tira, ofrece una impresión completamente distinta a la que proporcionó una muestra parcial.

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