Colocación de las vigas

Una vez colocada la solera y los estribos, se podrán alojar las viguetas en sus lugares correspondientes, es decir, fijándolas en el estribo y apoyándolas sobre la solera. Las vigas deberán rebasar 150 mm con el fin de poder cortarlas más tarde a la medida justa.
Se comprueba si las vigas han quedado dispuestas paralelamente midiendo la distancia que guardan entre ellas en cada extremo. Se marca con tiza su posición sobre la solera por si durante el montaje sufrieran alguna desviación. Las vigas quedarán enlazadas entre si por medio de tirantes clavados en sus caras enfrentadas. Se disponen los tirantes siguiendo una línea que corresponda al centro de la longitud de la armadura y se fijan mediante clavos galvanizados.

La estructura del conjunto puede consolidarse aún en este momento añadiendo unas pletinas dispuestas transver-salmente en la parte superior de las vigas, inmediatamente encima de la línea de la solera. Estas patas de retención deben quedar empotradas en la madera para que no estorben al depositar el entarimado. Para ello, se marca el punto por el que las patas atravesarán las vigas y luego se realiza una entalla con el formón para su alojamiento. Se emplearán tirafondos galvanizados y tacos para realizar la unión de la viga con la pared.
Finalmente, para evitar cualquier imprevisto, como la aparición de un viento súbito y violento, se consolida la armadura uniendo el extremo de las vigas con la solera clavando puntas oblicuamente en la parte inferior de las vigas. Otro método más eficaz consiste en utilizar escuadras de acero retenidas con ayuda de tirafondos o de clavos galvanizados en el lado de la viga y sobre la solera.

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