Las tapas para la encuadernación

Mientras el encolado de las guardas anterior y posterior se secan, se puede empezar a preparar las tapas. Lo primero que hay que hacer es recortar el revestimiento exterior, que se hará con un trozo de tela plastificada y que puede hallarse dentro de un surtido muy variado de colores. Pero también cualquier tela o tejido corriente puede servir para el caso.
■ La anchura de la hoja tiene que ser por lo menos el doble de la anchura de base de los fascículos, más el grosor del volumen y más otros 70 mm. La altura tiene que corresponder a la de los fascículos más 60 mm.
■ Extender la hoja con la parte que ha de quedar a la vista hacia abajo y marcar sobre la hoja o tela con regla y escuadra dos rectángulos iguales que representarán las dos caras de las tapas (los cuadrados), cuyas dimensiones son las de los fascículos más 30 milímetros más a lo largo de los bordes (superior, inferior y exterior).
■ Ambos rectángulos se hallarán distantes tanto como corresponde al grosor del volumen más 10 mm más: en este espacio se dibuja un rectángulo cuya altura y anchura constituirá el lomo del volumen que tendrá por lo tanto el grosor del volumen y será igual en altura a los rectángulos adyacentes pero dejando entre ellos 5 mm de separación. Este margen servirá para formar las canales que facilitarán el que se abran sin tensiones las tapas.
■ Hay que cortar también de un cartón recio (su espesor puede variar de 1 a 2 mm) dos rectángulos, que han de tener las mismas dimensiones que los cuadrados trazados en el reverso de la tela y un tercer rectángulo (preferiblemente con un cartón menos grueso) que corresponda a las dimensiones del lomo. A continuación se encolan en el dorso de la tela con cola vinílica. Todo lo que sobre por los bordes se retorna, después de haber cortado al sesgo las partes correspondientes a las cuatro esquinas externas de las tapas, encolando el resto replegado sobre el cartón de las tapas. Recordar el uso del palillo de hueso para corroborar los pliegos ya encolados.

Acabados y títulos.
■ Antes de montar la tapa se extiende sobre el lomo del volumen una capa de cola vinílica dejándola que se seque durante 24 horas. Luego, se martillea ligeramente este dorso para proporcionarle un ligero curvado. Si es posible conviene retornar la tela de seda de uno y otro lado del lomo para proporcionar un pequeño margen protector del mismo.
■ A continuación se pasa al encolado de las cabezadas que son elementos de tipo decorativo, de algodón o rayón, que se colocan en ambos extremos del lomo para proporcionar al volumen encuadernado un cierto refuerzo, además de conferirle el aspecto de un cuerpo completo y cubrir el cosido de cadenilla que pudiera quedar a la vista.
■ Aplicar las cabezadas, encolándolas en caso necesario, mediante un refuerzo de papel de hilo, procurando que sobresalgan algo sobre el nivel de las guardas. Todo esto sirve para reforzar el cosido y el conjunto de toda la encuademación. Ahora se puede pasar ya al encolado de las tapas al volumen.
■ El procedimiento es muy sencillo: la cara externa de las guardas del inicio y del final del volumen se encolan con la cara interna de las tapas. La operación se realiza siempre con cola vinílica, apretando bien con el palillo de hueso.
■ El libro, tan pronto como ha quedado encuadernado, tiene que colocarse plano y con algo de peso encima durante algunos días, de modo que la cola se seque del todo y para que al secarse no se deformen las tapas.
■ Es posible estampar los títulos, en las tapas y en el lomo, según varios sistemas: uno de ellos es el uso de letras transferi-bles, quizás el medio más sencillo, o bien realizarlo según el más complicado que consiste en una impresión en caliente de oro. En el comercio se pueden hallar cuñas y troqueles para imprimir letras y decoraciones (hierros) de muchos estilos y tamaños, pero esto requiere una habilidad y práctica de profesional.

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