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    Colocación de las vigas

    Una vez colocada la solera y los estribos, se podrán alojar las viguetas en sus lugares correspondientes, es decir, fijándolas en el estribo y apoyándolas sobre la solera. Las vigas deberán rebasar 150 mm con el fin de poder cortarlas más tarde a la medida justa.
    Se comprueba si las vigas han quedado dispuestas paralelamente midiendo la distancia que guardan entre ellas en cada extremo. Se marca con tiza su posición sobre la solera por si durante el montaje sufrieran alguna desviación. Las vigas quedarán enlazadas entre si por medio de tirantes clavados en sus caras enfrentadas. Se disponen los tirantes siguiendo una línea que corresponda al centro de la longitud de la armadura y se fijan mediante clavos galvanizados.

    La estructura del conjunto puede consolidarse aún en este momento añadiendo unas pletinas dispuestas transver-salmente en la parte superior de las vigas, inmediatamente encima de la línea de la solera. Estas patas de retención deben quedar empotradas en la madera para que no estorben al depositar el entarimado. Para ello, se marca el punto por el que las patas atravesarán las vigas y luego se realiza una entalla con el formón para su alojamiento. Se emplearán tirafondos galvanizados y tacos para realizar la unión de la viga con la pared.
    Finalmente, para evitar cualquier imprevisto, como la aparición de un viento súbito y violento, se consolida la armadura uniendo el extremo de las vigas con la solera clavando puntas oblicuamente en la parte inferior de las vigas. Otro método más eficaz consiste en utilizar escuadras de acero retenidas con ayuda de tirafondos o de clavos galvanizados en el lado de la viga y sobre la solera.

    Colocación de estribos

    Mientras el mortero endurece, se pueden fijar los estribos a lo largo de la pared existente para que pueda soportar la carga en el otro extremo de las vigas. Se toma en primer lugar la distancia comprendida entre el suelo y la parte superior de la solera. Si el suelo está a nivel, se trasladará esta medida a la pared opuesta y servirá de guía para determinar el emplazamiento de los estribos.
    Se empieza desde el centro de la pared y luego se avanza hacia los extremos, marcando los alojamientos que deberán realizarse. El centro de cada estribo debe hallarse a 400 mm del siguiente y la parte inferior de cada uno de ellos exactamente al mismo nivel que la parte superior correspondiente a la solera de la pared opuesta.
    Una vez establecido cada uno de los puntos de los estribos, así como su alineación, se realizarán los alojamientos con ayuda de un martillo y un cincel. Es conveniente protegerse con gafas para este trabajo.

    Se procurará ensanchar el fondo de los alojamientos para introducir cómodamente el mortero cuando se hayan colocado los estribos. Si resultara difícil realizar los agujeros debido a la dureza del ladrillo, se empleará una taladradora eléctrica dotada de una broca de metal duro y de un dispositivo de percusión. Se ensanchan las aberturas practicadas mediante un cincel y un martillo para que quede un alojamiento de paredes rectas que puedan acoger correctamente el estribo.
    Cuando se hayan realizado todos los alojamientos, y tras haber comprobado que los estribos se introducen bien, se rocía el interior con agua; ésta acabará de expulsar el polvo restante y al mismo tiempo proporcionará al mortero una mejor adherencia.
    Para retener los estribos se prepara un mortero en la proporción 1:3 y se introduce en los alojamientos mediante la paleta. No hay que rellenarlos completamente, de manera que, mientras esté aún tierno el mortero, se puedan introducir los estribos en su lugar y regular su posición definitiva introduciendo calces de piedras o cascotes en los bordes del alojamiento.
    Una vez cerciorados de la correcta alineación de los estribos, se procede al rejuntado de la pared exterior con mortero y se dejan secar la solera y los estribos durante veinticinco horas, por lo menos, antes de proceder a montar las vigas.

    Colocación de la solera

    La obra de cobertura empieza por la colocación de las soleras en la parte superior de la pared o en el panel interior de un muro hueco. Serán necesarias dos cuando la construcción sea independiente de cualquier otro edificio y solamente una cuando se trate de un anexo de una construcción existente.
    Lo mejor es prever el emplazamiento de la solera construyendo el panel interno un par de hiladas más abajo que el exterior. Cuando la solera se haya asentado sobre un lecho de mortero, su parte superior y la pared exterior deben quedar al mismo nivel.
    Se prepara un mortero (1:3) y se aplica una capa gruesa con la paleta sobre el borde superior del panel interior, procurando que no caigan restos en el interior de la cavidad. Luego, y mientras el mortero está aún húmedo, se levanta la solera y se coloca en su sitio dándole ligeros golpes con el mango de la paleta o de un martillo hasta colocarla correctamente. Se comprueba la horizontalidad con un nivel de burbuja y luego se elimina el mortero sobrante con la paleta. Si se viera que la parte superior de la solera es inferior al panel exterior, se tendrá que sacar y añadir más cantidad de mortero.

    El nivel de agua

    Este nivel está formado por dos tubos graduados, de material plástico irrompible y transparente, y provisto de un racor para manguera y un grilo pequeño. Este dispositivo se empalma a un tubo flexible de goma o de plástico. Para utilizarlo se rellenan todos los tubos de agua, cerrando después los dos grifos para poder transportar el nivel sin que se pierda agua por el camino. El nivel de agua en los dos tubos graduados (después de haber abierto los grifos) indica con exactitud una línea horizontal, cualquiera que sea la distancia que los separa. Por lo lanto, resulta muy lácil establecer los cuatro ángulos del plano teórico de un suelo o pavimento o también, controlando la graduación de los tubos, determinar la pendiente de un terreno o de una canalización de descarga. En caso necesario, un nivel de agua rudimentario, pero muy eficiente, puede improvisarse con una manguera o tubo de plástico transparente: fallarán las graduaciones, pero el nivel de agua de los dos extremos del tubo corresponderá siempre a un plano horizontal.

    Los niveles: para trabajos de albañilería

    Los niveles de burbuja (de aire) son utensilios indispensables para llevar a cabo cualquier trabajo de albañilería o de otros tipos. Un pequeño nivel de plexiglás transparente es barato y resulta muy útil para instalar un frigorífico o una lavadora, para fijar en posición perfectamente horizontal un estante o un cuadro. Los niveles de tipo profesional, que pueden ser tanto de madera como de una aleación de aluminio, tienen generalmente más de un tubo con burbuja, para poder así determinar la horizontalidad y la verticalidad, así como oblicuidades. Pueden adquirirse dentro de una gama muy extensa de longitudes desde 300 hasta 1.500 mm y en diversos materiales. Los niveles más refinados tienen los planos rectificados, topes de plástico en los extremos y tubos de recambio (para casos de rotura) y graduables. Para poner a punto un nivel, se coloca sobre una superficie plana y, después de haber observado con cuidado la posición de la burbuja respecto a las dos líneas de referencia, se hace girar poco a poco: la burbuja debería permanecer exactamente en la misma posición. Si se desplaza, se liene que intervenir en el tornillo de graduación (en el caso que lo haya) hasta que la burbuja tome siempre la misma posición después de haber hecho girar el nivel 360″.

    Acabado de las juntas

    El acabado de las juntas, realizado una media hora después de su ejecución, dará realce al aspecto general de la fábrica y protegerá el mortero de la erosión si la obra se halla a la intemperie.
    La junta a punto redondo es la más conveniente en trabajos de poca entidad; se puede obtener pasando una varilla de hierro a lo largo de la junta cuando empieza a secar el mortero; después se cepilla el sobrante. En lugar de la varilla se puede utilizar un trozo de manguera de 12 mm de diámetro. Se repasarán las juntas verticales y las horizontales.

    Colocación de la primera hilada

    Se coloca el tendel de alineación a partir de los ladrillos de referencia. Este tendel servirá de guía para la colocación de los ladrillos intermedios.
    A continuación se procede de la manera siguiente:
    • se deposita la porción de mortero;
    • se extiende la porción depositada;
    • se toma asimismo una pequeña cantidad de mortero;
    • se deposita en uno de los tizones del ladrillo;
    • se hace lo mismo sobre el otro tizón;
    • se coloca este ladrillo junto al anterior;
    • se comprueba la alineación y el nivel;
    • se elimina el exceso de mortero y se coloca en el cuezo.

    Construcción de un ángulo.
    En las construcciones importantes conviene disponer de una escuadra de albañil para determinar correctamente los ángulos. En los casos simples, como el que aquí se describe, será suficiente el nivel. Después de haber colocado el ladrillo de ángulo se apoya el nivel contra la soga del ladrillo anterior (es decir, el último de la pared principal) y se golpea ligeramente hasta colocarlo en posición correcta respecto a la alineación de la hilada previamente colocada.
    El método del triángulo 3-4-5 también puede resultar útil. Para ello se toman cuatro partes de una unidad dada a lo largo de la pared principal y tres a lo largo de la línea de la pared que forma ángulo. Si el ángulo es recto, la longitud de la diagonal corresponderá a 5 partes.

    Hiladas siguientes.
    La colocación de las siguientes hiladas se realiza de manera análoga. No obstante, si los ladrillos tienen algún tipo de acanaladura, se preparan unas porciones de mortero mayores para que se forme la junta de unión y se rellene además el hueco del ladrillo. Cuando se deposite la mezcla se procurará rellenar y recubrir la junta vertical de la hilada inferior.
    Se debe poner mucha atención al colocar la segunda hilada de ladrillos para mantener inalterable el espesor de la junta. Si se aplican 12 mm de mortero quedarán reducidos probablemente a 10 mm al colocar el ladrillo. Deberán efectuarse controles de una forma sistemática mediante el nivel y la plomada; se comprobará asimismo el espesor de las juntas.

    Colocación de los ladrillos de referencia

    En primer lugar, se reparten todos los ladrillos que constituirán la base del muro principal “en seco” (sin mortero) a lo largo de la línea de referencia. Se disponen de modo que entre cada uno de ellos quede un espacio de unos 10 mm.
    Se levanta el ladrillo situado en un extremo y se deposita en su lugar una porción de mortero extendiéndola de manera que su superficie se acomode a la de la cara del ladrillo.

    Antes de depositar el ladrillo se presiona con la paleta en el centro del mortero para que éste se reparta convenientemente. Se comprueba la horizontalidad con el nivel de burbuja y se asienta el ladrillo golpeándolo ligeramente con el mango de la paleta. Se coloca el nivel sobre la serie de ladrillos dispuestos en seco manteniendo uno de sus extremos sobre el primer ladrillo colocado con mortero. Se coloca un ladrillo en el otro extremo del nivel del mismo modo que se hizo con el primero y se comprueba su horizontalidad y la de la línea que une los dos ladrillos de los extremos.

    Seguidamente se controlará la alineación colocando el nivel o una regla sobre los bordes de ambos ladrillos. Una vez seguros de que la posición es correcta, se vuelve a repetir la operación más adelante utilizando el segundo ladrillo como nivel de referencia.
    Se colocarán de esta manera tantos ladrillos de referencia como convenga a lo largo de la primera hilada. La distancia de separación entre estos ladrillos-referencia será equivalente a la longitud del nivel de burbuja o de la regla empleada. Se realizará una última comprobación de alineación y nivelado antes de retirar los ladrillos intermedios.

    Nociones elementales de enladrillado

    Hay unas cuantas herramientas esenciales, aunque no es necesario adquirir una gama completa para realizar un trabajo de enladrillado sencillo.
    Paleta: se presenta de diferentes formas, según los países y regiones; se usa fundamentalmente para extender el mortero.
    Nivel de burbuja: se usa para determinar la horizontalidad y el aplomado.
    Cordón: para establecer tendeles que guíen las hiladas.
    Pala: para el amasado del mortero y relleno del cuezo.
    Cubo: para el agua y traslado de materiales.
    Maceta y cincel: para partir y cortar los ladrillos.
    Cinta métrica: para medir y evaluar la progresión del trabajo.

    Materiales.
    Para las construcciones sencillas no merece la pena enumerar las ventajas y los inconvenientes de las diversas clases de ladrillos. Se elegirá un modelo cuya calidad y color estén de acuerdo con las obras de fábrica de los alrededores.
    Conviene proveerse de una cantidad de ladrillos suplementarios para compensar las roturas que se puedan producir durante el transporte. Por otra parte, si hay que partir un ladrillo, se producirán pérdidas inevitablemente.
    Además de los ladrillos se necesitará arena fina y cemento para preparar el mortero, salvo si éste se adquiere prefabricado. Se necesitará asimismo un trozo cuadrado de contrachapado o de un material similar para transportar el mortero una vez preparado.

    Reformas de albañileria

    Empleo del taco:
    ■ Si el taco se ha sellado con yeso, es muy probable que ya esté en condiciones de recibir las fijaciones a las que se destina al cabo de una hora. Con otros aglomerantes hay que aguardar el tiempo necesario para su faguado total.
    ■ En el taco se podrán hincar clavos, tirafondos e, incluso, tacos de expansión. No obstante, según el calibre del elemento de fijación es recomendable realizar un agujero previo (un taladrado de calibre algo menor que el del elemento que se hinque o atornille). De esta manera se evita que la madera del taco se hienda y pierda eficacia.

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