Archivos para Herramientas para bricolaje Categoría

    Herramientas manuales para madera

    Otros instrumentos prácticos.
    • Dos herramientas muy prácticas para el tallista.
    1. El desbastador de Pfeil (25,66 €), tiene un corte irresistible y se introduce en lugares de difícil acceso.
    2. Para eliminar imperfecciones usa cuchillas de ebanista (marca Crown, 9,01 €).

    Herramientas para trabajar madera

    También con máquina eléctrica.
    • Con la amoladora y estos dos discos se ahorra mucho tiempo, especialmente en la primera fase de la talla, cuando hay que eliminar madera a tope. Estos útiles también sirven para modelar y para conseguir estupendos acabados. La amoladora se puede conseguir por unos 60 €. Disco de desbastar Arbortech, 39,27 €. Disco tronzador Kwiksaw, 25,84 €.

    Herramientas para trabajar la madera

    Escofinas y raspines.
    • En muchos casos, los raspines (foto 1 y 2) y escofinas (foto 3) sustituyen a las gubias o a los cuchillos; sobre todo, cuando hay peligro de que se desgarren y levanten las fibras.
    • Estos útiles rebajan y perfilan, como puede verse en las fotos.

    Los clavos

    LOS CLAVOS.
    El clavo existe desde que el hombre empezó a trabajar los metales y hoy día su utilización continúa siendo generalizada.
    Para cada tipo de trabajo con maderas y con otros materiales existe una variedad específica de clavo. Los hay muy comunes, en tanto que otros lo son menos, pero todos tienen como principal misión la de mantener unidas entre sí dos partes separadas. Sin embargo, y a pesar de esta simplicidad, es oportuno hacer algunas consideraciones. Lo primero que hay que tener en cuenta es la fuerza de retención. El clavo asegura la prensión gracias al frotamiento; por tanto, un clavo largo y grueso tendrá mayor retención que uno pequeño y delgado. Además de los clavos comunes obtenidos a partir de varilla metálica y por ende de sección redonda, los hay también con vastago retorcido o con irregularidades para mejorar la retención. Ésta depende también mucho de la naturaleza del material en que se hinca y de las exigencias a las que el clavo y el tipo de unión se hallarán sometidos. Siempre que sea posible estas solicitaciones deberían ser siempre paralelas o perpendiculares al eje del clavo. En los trabajos de carpintería es una buena norma, si se quiere conseguir una adecuada consolidación, encolar las superficies que entran en contacto antes de clavarlas. Éste es el proceso más elemental: clavar y encolar. Ahora bien, desde el punto de vista estético las cabezas de los clavos no resultan atractivas (salvo las cabezas de los bollones y tachuelas de tapicería, con acabado decorativo). En carpintería, la manera más sencilla de esconderlas es profundizarlas con el botador y rellenar el agujero con masilla. Las cabezas largas y planas de algunos clavos penetran con mucha dificultad, por lo que en estos casos es mejor clavar puntas cónicas (de cabeza cónica) o carentes de cabeza.
    En cambio, las gruesas cabezas de las tachuelas de adorno de tapicería son hechas ex profeso para que retengan, sobre un amplio campo, las telas, cueros y cintas o cordones de pasamería, evitando que se desgarren y, consecuentemente, no se botan ni encajan jamás. No hay que olvidar, tampoco, el peligro de la herrumbre. Para el uso normal casero son muy adecuados los clavos normales de acero dulce, pero si tienen que ir al exterior o estar en ambientes muy húmedos, es mejor emplear clavos capaces de resistir la herrumbre. No resulta fácil hallar clavos normales de acero cincado o latonados. En cambio, es fácil encontrarlos de un material inoxidable como el latón, el cobre o el bronce, aunque el mejor clavo antiherrumbre, a pesar de su precio, es el de acero inoxidable.

    Herramientas para metales

    Las mazas con cotillos blandos son muy útiles para el trabajo con metales no muy duros (aluminio, cobre, latón) y para el ensamblado de carpintería de madera, ya que el martillo corriente y de carpintero deja huellas evidentes. Por este motivo, hasta hace poco se venía utilizando la maza de madera.

    Diferentes tipos de martillos

    Para trabajos muy especiales se utilizan mazas y mazuelos de cobre, plomo, caucho y piel (de búfalo), que hoy día suelen sustituirse por mazas con cabezas de material blando o relativamente blando que acostumbran ser remplazables. Algunas de estas mazas tienen el cuerpo metálico o combinan la madera con el plástico. En la cabeza se aplican los cotillos postizos de nylon o de otra resina termoplástica capaz de aguantar los golpes pero que no dañe el material sobre el que se golpea. Suelen ser de cotillo redondo (de 20 a 70 mm) y su peso puede oscilar entre 150 y 2.500 g y se remplazan fácilmente y con poco dispendio. Además de nylon se utilizan también elementos de PVC, caucho endurecido, piel compacta y aluminio.

    Martillo de albañil

    La maceta de albañil tiene ambos lados de la cabeza iguales (de sección cuadrada, , pero con las aristas achaflandas, como la que se ve en la ilustración, o también en forma casi piramidal con la base mayor en los extremos). Se emplea para hincar clavos grandes así como para asentar ladrillos (muchas veces con el mango). También se utiliza para picar contundentemente contra cinceles en el labrado y partido de materiales pétreos. Este martillo fue también la herramienta que usaban los enlosadores para asentar adoquines, pero en este caso solía tener una pena plana y ancha que servía, a manera de azada, para excavar la arena, en tanto que el cotillo se usaba para asentar. El peso de las macetas es siempre importante (de 800 a 2.000 g) y su mango es de madera. La martellina de albañil es más parecida al martillo corriente pero con la pena rectangular. Su peso varía entre 400 y 900 g. Los mazos tienen la misma forma pero su peso es mucho mayor (de 3.000 a 8.000 g); el mango es de madera y muy largo, para que se pueda asir con ambas manos a la vez.

    Martillo de bola

    El martillo de bola es el empleado por planchistas, caldereros y mecánicos. Tiene el cotillo cilindrico y una pena semiesférica que sirve para roblonar y embutir. Su peso puede variar desde 200 a 1.500 g pero los más corrientes son los comprendidos entre 350 y 500 g; su mango es de fresno y, algunas veces, bastante corto. Muy parecido a él es el martillo que emplean los hojalateros, que tiene la pena simétrica aguzada y transversal para facilitar el trabajo de doblado y remetido de las chapas. También puede añadirse a este mismo tipo de martillos el de tapicero, que tiene igualmente la cabeza redonda y la pena alargada de forma cónica, pero que es mucho más ligero (160 g). Se emplea para apuntar y remachar las tachas y tachuelas que fijan las cinchas y telas al esqueleto de madera.

    Tipo de martillos

    Para evitar el posible desprendimiento de la cabeza los fabricantes han buscado distintas soluciones: desde el simple acuñado (con metal o plástico), hasta distintos tipos de chavetas o planchas acanaladas. También se emplean para su consolidación resinas epóxidas, pese a que solamente el mango soldado ofrece una seguridad total. Esta última empuñadura requiere, por contra, un mango de goma, que si bien tiene la ventaja de absorber el contragolpe, ofrece, en cambio, el inconveniente de que hace que la mano sude, lo que impide agarrar el mango con firmeza.

    Martillo de ebanista

    El martillo de ebanista es muy parecido al anterior y se distingue de éste solamente por su pena asimétrica, como deprimida; su peso se halla comprendido entre los 200 y los 600 g. En cambio, el martillo de carpintero o de orejas es de acero forjado, tiene el cotillo casi en forma de tronco de cono o de pirámide y la pena está recurvada y hendida (para arrancar clavos), siendo su peso mucho más importante (de 400 a 800 g); su mango continúa siendo de madera o, más raramente, de metal con goma, en cuyo caso puede ser tubular y soldado a la cabeza para evitar que pueda salir disparado en ciertos trabajos.