
Reparar y poner suelo de madera.
Coloque las cuñas de sujección entre peldaño y tablón, encólelas y atorníllelas. Puede efectuar la misma operación en otro lugar si lo considera necesario.
Si la rampa de sujección de la escalera se separa de la pared, vuélvala a fijar mediante tornillos gruesos.

Reparar suelo de madera.
Las escaleras tienen problemas diferentes. Si no puede acceder a la parte inferior de las tablas, atornille en la junta de tabla y peldaño.
Si puede acceder a la parte inferior, compruebe el estado de las juntas y de las cuñas que allí puedan encontrarse.

Suelo de madera para reparar.
Ajustar los clavos es una solución que probablemente no le dará resultado. Será más conveniente extraerlos con un punzón de clavos.
No es nada conveniente poner clavos nuevos, sobretodo en el caso de una casa vieja. Es preferible utilizar tomillos. Agujeree la madera antes de atornillar.

El suelo crujiente.
Los crujidos se deben a movimientos y a rozamientos. Los clavos pierden su juego, las tablas se mueven y transmiten el movimiento a sus vecinas, produciendo asi un crujido.
Eliminar el rozamiento es algo muy sencillo. Esparza talco entre las tablas afectadas con la ayuda de una brocha: los tablones se moverán con más facilidad sin chirriar.

El recubrimiento total de una habitación con una estera o una alfombra consiguió una mayor divulgación cuando después de la era industrial se lograron imitaciones de alfombras tradicionales en forma de tiras o pasillos.
Los esterados (más baratos) y los alfombrados que se emplearon con mayor profusión a finales del siglo pasado eran unos recubrimientos de suelos que solamente se colocaban al llegar la temporada invernal y que al venir el buen tiempo se retiraban para guardarlos. Tanto los primeros como los segundos requerían la intervención de unos especialistas, los cuales se encargaban de recortar y unir entre sí las tiras, procedían a su reparación o sustitución en caso de desgaste o perjuicio y se encargaban, asimismo, con la ayuda de todo un equipo especial, del levantamiento y traslado de los muebles debajo de los cuales tenían que disponerse los revestimientos.
Normalmente, para evitar que los suelos alfombrados adquiriesen arrugas se solían tensar y clavar en los bordes junto a las paredes y en los umbrales de puertas.
Para facilitar este clavado hubo muchas casas, tanto urbanas como rústicas, en las que ya se disponía un listón de madera que recorría toda la periferia de aquellos espacios que se estimaba posible alfombrar y que eran naturalmente las piezas de más relevancia: salones, comedores e incluso habitaciones de dormitorio y aseo. En muchos pisos construidos a finales de siglo pueden encontrarse estos listones junto a las paredes.
Se comprende, pues, que tanto por sus exigencias de montaje y desmontaje como por todos los demás trabajos habituales de conservación y mantenimiento, el uso de alfombrados o de esteras obligase a realizar unos gastos importantes, aun cuando la mano de obra fuese muy barata comparada con la de hoy día.

Recubrir eventualmente los suelos para proporcionar una mayor comodidad y suavidad a la pisada y, al propio tiempo, un aspecto decorativo diferente al que ofrecen los materiales propios de pavimentado, más monótono y regular, ha sido siempre una tarea realizada desde las más remotas y primitivas civilizaciones.
El uso del cubrepiés, tapices, alfombras, esteras u otros materiales a base de pieles (con o sin pelo) u otros elementos diversos, se ha venido realizando desde siglos de manera más o menos extensa. Sin embargo, en la mayoría de los casos su uso significaba más bien una ostentación de lujo, ya que aquellas alfombras y tapices (o pieles) eran objetos caros. Sólo en algunas viviendas modestas cabía la posibilidad de poderlas reemplazar por tejidos más baratos de fibras vegetales en forma de esteras.
El recubrimiento total de toda la superficie del suelo se conseguía a base de varias piezas superpuestas y diferentes, constituyendo, asimismo, su mayor o menor abundancia una señal de ostentación.