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    Guijarros, cantos rodados, piedras y mosaicos

    Las bases de cantos rodados como los que se ven permiten recubrir zonas en donde las plantas no crecen debido, por ejemplo, a la falta de sol. Las piedras, elegidas en función de su tamaño y color, se podrán adquirir en centros de jardinería o en un lugar de extracción de arenas. Con paciencia se puede arreglar una calle a base de cantos rodados o de guijarros cuidadosamente elegidos y formando un mosaico. Las piedras deben descansar sobre un lecho de hormigón. Lo importante es elegir cuidadosamente cada uno de los cantos rodados, de modo que, una vez dispuestos todos, se logre una superficie uniforme.
    Una avenida de piedras sin pulir, no es tan fácil de realizar como puede parecer a primera vista. Estas piedras se pueden obtener en canteras, pero hay que saber elegirlas atentamente, procurando que tengan siempre un lado plano que pueda emplearse para establecer una superficie.

    Una vez dispuestos, estos elementos deben combinar más o menos con los que los rodean, de manera que resulte un conjunto lo más regular posible. Unas avenidas con piedras sin labrar proporcionarán un gran encanto a los jardines con árboles y matorrales, evocando un lugar rural al que el jardín, por pequeño que sea, le conferirá mucho carácter. Una parte de su atractivo procede de las hierbas y las plantas que crecen libremente entre las piedras. Pero también en este caso convendrá combatirlas, aunque sea parcialmente, para que no acaben invadiendo toda la avenida, que de esta manera resultaría resbaladiza.

    Avenidas de madera en jardín

    A la hora de elegir material de pavimentación, se suele adoptar la piedra y otros revestimientos duros de este estilo. Muchas veces no se piensa en el uso de gruesas vigas de madera, que resultan de fácil colocación. Los materiales más adecuados para este uso son las traviesas de ferrocarril o las vigas de recuperación procedentes de derribos.

    Si las vigas han sido completamente impregnadas de un producto de protección antes de instalarlas en el jardín, la avenida se conservará durante mucho tiempo en perfecto estado. Un lecho de guijarros o de grava constituirá un buen asentamiento.
    Unas vigas antiguas recias pueden quedar semiencastradas en un material similar, bastando para ello realizar unos surcos profundos en un lecho de piedras ya existente o bien dejarlas simplemente sobre un suelo desnudo antes de rellenar los intersticios con guijarros de un tamaño adecuado. De esta manera, las vigas se hallarán firmemente retenidas. Se podrán emplear largos diferentes para crear un borde irregular y ofrecer así un aspecto más rústico.

    El camino que aparece bajo estas líneas descansa sobre un suelo de cantos rodados por un lado y linda con un césped por el otro, logrando así un punto de unión entre dos partes de un jardín. Las traviesas se han colocado empalmadas por los extremos para lograr una mayor diferenciación con la disposición que se muestra a la derecha. Unos escalones unen este paso con la avenida más tradicional de hormigón situada en el fondo, rodeando el césped.

    Las avenidas de madera envejecen de una manera diferente a las de piedra o de ladrillos. Con el tiempo, se van cubriendo de musgos y liqúenes. Si bien estas proliferaciones añaden un cierto encanto, es importante combatirlas en ciertos sitios de paso, pues en días de lluvia pueden ser muy resbaladizas. Los bordes con musgos surten, por otra parte, un gran efecto.

    Embaldosados para el jardín

    Contrariamente a los ladrillos, las baldosas suelen ser de tonos neutros o pasteles; la mejor manera de sacarles partido es buscar una disposición informal de las mismas. Constituyen el material ideal para pavimentar jardines pequeños y patios; dispuestas como muestra la fotografía que aparece abajo a la derecha, permiten el crecimiento de la hierba, aun en espacios reducidos. Mediante la utilización de césped entre las baldosas se logrará romper la monotonía de una extensión gris y fría y conseguir al mismo tiempo un patio que resulte más atractivo.
    La calle que atraviesa el césped, arriba a la derecha, habría podido trazarse en línea recta, pero con la disposición irregular, en una especie de intervalos en progresión geométrica, se logra una vía de acceso sinuosa y armónica sin necesidad de tener que elaborar curvas complicadas.

    Calles o pasos de jardín

    Las calles o caminos de un jardín suelen incorporarse en el último momento, cuando el plan de conjunto ya está acabado. Son pura mente funcionales y generalmente no suele asignárseles un papel decorativo, pese a que sería muy fácil sacarles un buen partido con un poco de imaginación y de reflexión.
    ¿Por qué limitar un camino de paso en el jardin a una simple tira de hormigón? Con el uso de materiales insólitos armonizados con el entorno, es posible realizar una calle o camino de jardin que resulte por sí mismo un elemento decorativo.

    Empleo de ladrillos y baldosas.
    Es mucho más fácil colocar ladrillos y baldosas que hacer un paso de hormigón; además, estos materiales son también muy resistentes. Hay dos clases principales: las concebidas para embaldosados al aire libre y las utilizadas para la construcción. Se presentan en una gran variedad de colores y texturas, lo cual facilita siem pre la elección del material más adecuado para un jardín. Los ladrillos y baldosas de color rojizo y con estriados de la fotografía de la izquierda contrastan sutilmente con la profusión de verdes de alrededor, en tanto que entre estos parterres y matorrales, una avenida de hormigón no resultaría tan atractiva. La textura natural y el calor de los ladrillos y baldosas rojas contribuyen indudablemente a realzar la atmósfera de cualquier jardín.
    El camino que aparece está hecho igualmente con ladrillos de tono neutro que separan las líneas de flores y las destacan. En este caso, unos ladrillos rojizos hubiesen creado, más bien, confusión. Estos elementos se han colocado sobre un lecho de mortero, pero algunos tipos de ladrillos y adoquines de pavimentar se pueden colocar directamente sobre una base de arena bien apisonada.

    En anaranjado: la zanahoria

    Nuestro mejor consejo vuelve a ser que utilice la variedad que mejor se adapte al lugar donde vive y a la época del año. En este cultivo las diferencias estarán dadas por el tamaño de la raíz y su color intenso o más pálido además del grosor de la corteza que puede ser más fina o más gruesa, siendo la primera la de más consumo. En cuanto al terreno , sembraremos la variedad de raíz más larga si disponemos de terrenos sueltos y profundos, mientras que en los más compactos y pesados elegiremos la de raíz corta que desarrollará mejor. La zanahoria se ubica junto con el puerro, la cebolla y el apio entre las plantas resistentes al frío, siendo la temperatura óptima para su mejor productividad la que oscila entre los 15 y 18º de temperatura media. Para ayudar la germinación de las semillas, proceso que dura para esta hortaliza entre 6 y 10 días conviene cubrirlas con un poco de arena, lo que favorecerá su desarrollo dado que son muy pequeñas. No debemos confundir este proceso con la salida de la plantita que demorará más tiempo: entre 15 y 30 días, según las condiciones particulares del cultivo.

    La zanahoria no admite trasplante es decir es de siembra directa y debemos calcular alrededor de 1 gramo de semilla por m2. Una vez que han surgido las plantitas nuestra labor primera será el clareo. Las raíces necesitan un espacio mínimo de desarrollo que oscila entre los 6 y 11cm entre una planta y otra y una distancia entre hileras que varía entre los 15 y 45cm aproximadamente según la variedad. Esta labor la repetiremos sucesivamente hasta lograr la distancia deseada entresacando las más grandes para consumo aunque no estén totalmente desarrolladas. No debemos olvidar tampoco la eliminación constante de hierbas que quitan nutrientes al terreno e impiden el “engorde” óptimo de las raíces.
    El ciclo de cultivo de esta especie es muy amplio y puede durar desde la primera recolección a los cuatro meses hasta los 8 según la variedad.

    En verde: la lechuga

    Las variedades van desde el verde claro al oscuro y llegando al morado si nos fijamos en el color. Son de todos conocidas la lechuga “criolla”, “arrepollada” o “manteca”, nombres populares que las clasifican de acuerdo a la forma de las hojas, textura o gusto. Podemos elegir entonces entre distintas clases cuidando siempre que se adapten lo mejor posible al suelo y clima en que las vamos a cultivar. Prefieren en general temperatura templada y mucha luz, el terreno rico en humus y fertilizantes químicos y no los orgánicos (estiércol) aunque se adaptan según la variedad. Sí, tendremos que prestar atención al riego frecuente porque el clima caluroso y seco las hace florecer anticipadamente.

    Antes de sembrar conviene poner las semillas un día en remojo para que el agua que absorban facilite su germinación. La siembra se hace al voleo y podemos cubrirlas con un poco de arena para favorecer el desarrollo. Una vez que aparecen las primeras hojitas será el momento de darles un poco más de espacio para que desarrollen. Esta operación se llama repicado: dejaremos entre una y otra un espacio de unos 8 o 9 cm de cada lado. Antes de cumplirse el mes , las plantas tendrán una altura de más de 5cm y de 4 a 6 hojas cada una. Ha llegado el tiempo del trasplante o sea de llevarlas al lugar definitivo donde se desarrollarán. La distancia entre ellas será ahora de unos 30 a 40 cm entre las filas, cuidando no dañar las raíces y tratando de no enterrar el cuello de la planta.

    A partir de este momento nuestra labor consistirá en escardar el terreno alrededor para airear el suelo y quitar las hierbas, lo que favorecerá el aprovechamiento del agua de riego, que debe ser frecuente pero no abundante en cantidad.
    En términos generales desde el trasplante hasta la recolección pasarán unos 40 a 60 días y las mismas plantas nos indicarán el orden de recogida para el consumo. Si hemos hecho un trabajo efectivo tendremos entre 2 y 3 kg por metro cuadrado.

    Multiplicación de los cactus

    ■ La multiplicación de los cactus puede realizarse mediante semillas, injertos o esquejes. La forma más frecuente, rápida y eficaz de la mayoría de los cactus es medíante esquejes. A continuación te mostramos cómo hacerlo.
    ■ Recuerda, antes de empezar, que el exceso de agua, al igual que las calefacciones son los grandes enemigos de los cactus.
    1. Busca un lugar fresco para realizar toda esta operación, a ser posible el mismo donde pienses colocar, después, el esqueje, y empieza por separar una de las ramificaciones con un cuchillo que corte bien para no dañar la planta. Ten cuidado de no pincharte.
    2. Deja secar el esqueje durante unos días, sobre un papel, antes de plantarlo para que así la cicatriz encallezca.
    3. Entiérralo, en un compost húmedo -arena, turba y tierra de jardín a partes iguales- con algo de grava encima. Eso sí, no lo hundas mucho en la tierra, pues se pudriría la base. Rocíalo con agua. A los pocos días echará raíces.

    Plantas para estanques de jardin

    Lleno de plantas y peces, el estanque original que aparece en la página siguiente está hecho con piedras sin pulir que cubren las paredes y la escalera. Aunque el espacio ocupado por el agua y lo que la rodea es muy reducido, la profundidad de los muros y los escalones crea una perspectiva insólita a la que el uso ingenioso de las piedras proporciona una personalidad singular.
    Las plantas de los bordes son probablemente el medio más simple de incorporar color a una decoración a base de agua. Entre las denominadas plantas marginales y de aguas profundas, existen variedades de flores de gran colorido.
    Los nenúfares (en la página siguiente, abajo) requieren muy pocos cuidados y son muy duraderos. Producen flores rojas, blancas y amarillas, pero no suelen florecer desde el primer año de su plantación. Durante este período se podrán colocar en sus macetas y proporcionar a sus raíces los elementos nutritivos que favorecerán su desarrollo. En las jardinerías podrán hallarse nenúfares ya preparados para plantarlos.
    También se puede animar un estanque con objetos decorativos, como la estatuilla surtidor de la fotografía que aparece a la derecha, muy acorde con una decoración clásica. Se podrán encontrar asimismo una gran cantidad de formas y temas tradicionales o bien modernos.
    Los manantiales tienen una gran importancia para alimentar los estanques con peces, especialmente durante las épocas calurosas, en las que la renovación de agua continua permite mantener el nivel de oxígeno contenido en el agua y estabiliza su temperatura evitando que quede estancada.
    Se puede lograr un resultado similar con una cascada. El ejemplo que se ofrece abajo, si bien está indicado para un gran jardín, combina la originalidad con la estética, ya que el agua procede de un estanque situado en un nivel superior. Los dos depósitos han sido adornados con plantas de aguas profundas y con marginales constituyendo una combinación armoniosa que les proporciona un gran encanto.

    Estanque tradicional

    Otro ejemplo característico de estanque tradicional es la pieza circular de la fotografía situada abajo a la derecha. Este tipo es muy indicado para pequeños jardines que presenten un punto central natural, como puede ser el encuentro de dos caminos, como en este caso. El círculo de ladrillo subraya aquí con gusto la simetría y al mismo tiempo el surtidor de múltiples chorros que ocupa el centro. La presencia de nenúfares anima el lugar.
    Un estanque no clásico completamente diferente a los anteriores es el que se ilustra en la parte superior de la página siguiente, que destaca por sus bordes llenos de verdor y por la originalidad de su construcción. Una cascada procedente de la parte alta atraviesa la serie de barricas escalonadas. Un estanque de este tipo levantado sobre el suelo es fácil de construir y puede adaptarse bien a jardines de pequeñas dimensiones, así como a patios embaldosados.
    Si se dispone de espacio y no hay que tener en cuenta el tiempo ni el desembolso, se podrán combinar ideas modernas con estilos clásicos, como en la fotografía situada al pie de la página siguiente. En este caso la construcción se basa en la explotación de una forma hexagonal aplicada al césped, a las dos tablas de agua y a las grandes baldosas que permiten atravesarlas. Gracias a la abundancia de matorrales que rodean el conjunto y a las altas hierbas acuáticas, el gran estanque no queda eclipsado por el embaldosado que lo enmarca.
    Si, por el contrario, el jardín de que se dispone es pequeño, se dará una impresión de mayor amplitud al estanque cavándolo en lugar de levantarlo sobre el nivel del suelo, como sucede con el de la página siguiente, en el que se han utilizado piedras rústicas. Ello permitirá proporcionarle un cierto aire de originalidad, sobre todo si se puede acceder a él por medio de unos escalones.

    Estanques en los jardines

    Un estanque junto a la casa proporciona un cierto encanto. Tanto si se trata de un jardín grande o pequeño, clásico o moderno, aumentará su atractivo con un estanque, un riachuelo, una cascada, un surtidor o una fuente.

    Como ocurre en cualquier pieza interior, un jardín tiene su propio centro de interés, tanto si se trata de una rocalla, unos arbustos o árboles con flores.
    Existe una solución para crear este centro: un jardín en el que haya o circule agua. Concebidos de manera ingeniosa, tanto estanques como riachuelos, cascadas, fuentes o surtidores proporcionarán al jardín una nueva dimensión. A ellos se podrán incorporar otros elementos decorativos (esculturas, plantas diversas) e incluso se podrá dar vida a los remansos con unos cuantos peces.
    El estanque puede realizarse a base de poliestireno, de hormigón o de baldosas. La dimensión y la forma dependerán en gran parte del estilo del jardín así como del lugar en que se emplace.
    Los estanques se pueden agrupar dentro de dos tipos: los que obedecen a un esquema clásico y los que siguen otras líneas. Un ejemplo de integración muy logrado es el que aparece a la izquierda, en el que se ha rellenado la pieza de agua con plantas diversas: nenúfares y una variedad de plantas muy típicas de las orillas del agua, las marginales.
    Entre las marginales ideales para un estanque que no sea clásico se hallan muchos arbustos y juncos, como los que se producen en las marismas. Estas plantas se colocan en macetas que afloran sobre la superficie del agua. La mayoría de estanques presentan alojamientos para ellas.
    Si se desea animar con unos cuantos peces el estanque, se procurará utilizar un tipo de plantas oxigenadoras. No hay que olvidar que se reproducen rápidamente y que, por tanto, se tendrá que ir eliminando una parte periódicamente.
    Un conjunto de piedras y de sillares constituirá un sistema original para realizar un estanque clásico como el que aparece en la parte superior de la página siguiente. El color neutro de los materiales de la construcción contrasta con la mezcla de plantas marginales y las macetas de colores vivos repartidas alrededor del estanque. La disposición del estanque en forma de “L” es ideal para un pequeño jardín o para un patio.
    En la página siguiente, abajo a la izquierda, aparece un ejemplo de estanque clásico. Este suele ser generalmente rectangular, pero en este caso se ha eludido un tradicionalismo estricto, disponiendo de una manera algo desordenada los arbustos que animan el césped circundante. La masa de rosales altos situados en el extremo del estanque y la disposición de toda la vegetación del entorno dan la impresión de alargar aún más la superficie del agua, hasta el puntó de proporcionar al jardín un aspecto de mayor longitud de la real.

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