Calles o pasos de jardín

Las calles o caminos de un jardín suelen incorporarse en el último momento, cuando el plan de conjunto ya está acabado. Son pura mente funcionales y generalmente no suele asignárseles un papel decorativo, pese a que sería muy fácil sacarles un buen partido con un poco de imaginación y de reflexión.
¿Por qué limitar un camino de paso en el jardin a una simple tira de hormigón? Con el uso de materiales insólitos armonizados con el entorno, es posible realizar una calle o camino de jardin que resulte por sí mismo un elemento decorativo.

Empleo de ladrillos y baldosas.
Es mucho más fácil colocar ladrillos y baldosas que hacer un paso de hormigón; además, estos materiales son también muy resistentes. Hay dos clases principales: las concebidas para embaldosados al aire libre y las utilizadas para la construcción. Se presentan en una gran variedad de colores y texturas, lo cual facilita siem pre la elección del material más adecuado para un jardín. Los ladrillos y baldosas de color rojizo y con estriados de la fotografía de la izquierda contrastan sutilmente con la profusión de verdes de alrededor, en tanto que entre estos parterres y matorrales, una avenida de hormigón no resultaría tan atractiva. La textura natural y el calor de los ladrillos y baldosas rojas contribuyen indudablemente a realzar la atmósfera de cualquier jardín.
El camino que aparece está hecho igualmente con ladrillos de tono neutro que separan las líneas de flores y las destacan. En este caso, unos ladrillos rojizos hubiesen creado, más bien, confusión. Estos elementos se han colocado sobre un lecho de mortero, pero algunos tipos de ladrillos y adoquines de pavimentar se pueden colocar directamente sobre una base de arena bien apisonada.

Colocación de las vigas

Una vez colocada la solera y los estribos, se podrán alojar las viguetas en sus lugares correspondientes, es decir, fijándolas en el estribo y apoyándolas sobre la solera. Las vigas deberán rebasar 150 mm con el fin de poder cortarlas más tarde a la medida justa.
Se comprueba si las vigas han quedado dispuestas paralelamente midiendo la distancia que guardan entre ellas en cada extremo. Se marca con tiza su posición sobre la solera por si durante el montaje sufrieran alguna desviación. Las vigas quedarán enlazadas entre si por medio de tirantes clavados en sus caras enfrentadas. Se disponen los tirantes siguiendo una línea que corresponda al centro de la longitud de la armadura y se fijan mediante clavos galvanizados.

La estructura del conjunto puede consolidarse aún en este momento añadiendo unas pletinas dispuestas transver-salmente en la parte superior de las vigas, inmediatamente encima de la línea de la solera. Estas patas de retención deben quedar empotradas en la madera para que no estorben al depositar el entarimado. Para ello, se marca el punto por el que las patas atravesarán las vigas y luego se realiza una entalla con el formón para su alojamiento. Se emplearán tirafondos galvanizados y tacos para realizar la unión de la viga con la pared.
Finalmente, para evitar cualquier imprevisto, como la aparición de un viento súbito y violento, se consolida la armadura uniendo el extremo de las vigas con la solera clavando puntas oblicuamente en la parte inferior de las vigas. Otro método más eficaz consiste en utilizar escuadras de acero retenidas con ayuda de tirafondos o de clavos galvanizados en el lado de la viga y sobre la solera.

Colocación de estribos

Mientras el mortero endurece, se pueden fijar los estribos a lo largo de la pared existente para que pueda soportar la carga en el otro extremo de las vigas. Se toma en primer lugar la distancia comprendida entre el suelo y la parte superior de la solera. Si el suelo está a nivel, se trasladará esta medida a la pared opuesta y servirá de guía para determinar el emplazamiento de los estribos.
Se empieza desde el centro de la pared y luego se avanza hacia los extremos, marcando los alojamientos que deberán realizarse. El centro de cada estribo debe hallarse a 400 mm del siguiente y la parte inferior de cada uno de ellos exactamente al mismo nivel que la parte superior correspondiente a la solera de la pared opuesta.
Una vez establecido cada uno de los puntos de los estribos, así como su alineación, se realizarán los alojamientos con ayuda de un martillo y un cincel. Es conveniente protegerse con gafas para este trabajo.

Se procurará ensanchar el fondo de los alojamientos para introducir cómodamente el mortero cuando se hayan colocado los estribos. Si resultara difícil realizar los agujeros debido a la dureza del ladrillo, se empleará una taladradora eléctrica dotada de una broca de metal duro y de un dispositivo de percusión. Se ensanchan las aberturas practicadas mediante un cincel y un martillo para que quede un alojamiento de paredes rectas que puedan acoger correctamente el estribo.
Cuando se hayan realizado todos los alojamientos, y tras haber comprobado que los estribos se introducen bien, se rocía el interior con agua; ésta acabará de expulsar el polvo restante y al mismo tiempo proporcionará al mortero una mejor adherencia.
Para retener los estribos se prepara un mortero en la proporción 1:3 y se introduce en los alojamientos mediante la paleta. No hay que rellenarlos completamente, de manera que, mientras esté aún tierno el mortero, se puedan introducir los estribos en su lugar y regular su posición definitiva introduciendo calces de piedras o cascotes en los bordes del alojamiento.
Una vez cerciorados de la correcta alineación de los estribos, se procede al rejuntado de la pared exterior con mortero y se dejan secar la solera y los estribos durante veinticinco horas, por lo menos, antes de proceder a montar las vigas.

Colocación de la solera

La obra de cobertura empieza por la colocación de las soleras en la parte superior de la pared o en el panel interior de un muro hueco. Serán necesarias dos cuando la construcción sea independiente de cualquier otro edificio y solamente una cuando se trate de un anexo de una construcción existente.
Lo mejor es prever el emplazamiento de la solera construyendo el panel interno un par de hiladas más abajo que el exterior. Cuando la solera se haya asentado sobre un lecho de mortero, su parte superior y la pared exterior deben quedar al mismo nivel.
Se prepara un mortero (1:3) y se aplica una capa gruesa con la paleta sobre el borde superior del panel interior, procurando que no caigan restos en el interior de la cavidad. Luego, y mientras el mortero está aún húmedo, se levanta la solera y se coloca en su sitio dándole ligeros golpes con el mango de la paleta o de un martillo hasta colocarla correctamente. Se comprueba la horizontalidad con un nivel de burbuja y luego se elimina el mortero sobrante con la paleta. Si se viera que la parte superior de la solera es inferior al panel exterior, se tendrá que sacar y añadir más cantidad de mortero.

El nivel de agua

Este nivel está formado por dos tubos graduados, de material plástico irrompible y transparente, y provisto de un racor para manguera y un grilo pequeño. Este dispositivo se empalma a un tubo flexible de goma o de plástico. Para utilizarlo se rellenan todos los tubos de agua, cerrando después los dos grifos para poder transportar el nivel sin que se pierda agua por el camino. El nivel de agua en los dos tubos graduados (después de haber abierto los grifos) indica con exactitud una línea horizontal, cualquiera que sea la distancia que los separa. Por lo lanto, resulta muy lácil establecer los cuatro ángulos del plano teórico de un suelo o pavimento o también, controlando la graduación de los tubos, determinar la pendiente de un terreno o de una canalización de descarga. En caso necesario, un nivel de agua rudimentario, pero muy eficiente, puede improvisarse con una manguera o tubo de plástico transparente: fallarán las graduaciones, pero el nivel de agua de los dos extremos del tubo corresponderá siempre a un plano horizontal.

Los niveles: para trabajos de albañilería

Los niveles de burbuja (de aire) son utensilios indispensables para llevar a cabo cualquier trabajo de albañilería o de otros tipos. Un pequeño nivel de plexiglás transparente es barato y resulta muy útil para instalar un frigorífico o una lavadora, para fijar en posición perfectamente horizontal un estante o un cuadro. Los niveles de tipo profesional, que pueden ser tanto de madera como de una aleación de aluminio, tienen generalmente más de un tubo con burbuja, para poder así determinar la horizontalidad y la verticalidad, así como oblicuidades. Pueden adquirirse dentro de una gama muy extensa de longitudes desde 300 hasta 1.500 mm y en diversos materiales. Los niveles más refinados tienen los planos rectificados, topes de plástico en los extremos y tubos de recambio (para casos de rotura) y graduables. Para poner a punto un nivel, se coloca sobre una superficie plana y, después de haber observado con cuidado la posición de la burbuja respecto a las dos líneas de referencia, se hace girar poco a poco: la burbuja debería permanecer exactamente en la misma posición. Si se desplaza, se liene que intervenir en el tornillo de graduación (en el caso que lo haya) hasta que la burbuja tome siempre la misma posición después de haber hecho girar el nivel 360″.

Lápices y utensilios de marcado

El trazado de las líneas de trabajo se realiza normalmente con lápiz. El clásico lápiz de carpintero es de sección ovalada o rectangular (tanto la madera como la mina), pero no es indispensable: con un lápiz de dibujo o un portaminas provisto de una mina HB o B se puede realizar un buen marcado. Para llevar a cabo líneas de trazado muy fino puede utilizarse un punzón o un cúler, si bien convendrá repasar la raya con un trazo de mina.
Para trazar sobre la madera líneas de troceado, o bien de labrado a media madera o de caja y espiga, resulta muy útil el trazador de carpintero; se puede adquirir en madera dura o de plástico, pero no será difícil construirlo personalmente. El bloque o cursor se puede fijar por medio de un tornillo en cualquier posición a lo largo de la varilla graduada en la que se lee la distancia existente entre el cursor y una punta metálica situada en el extremo de la varilla.

Consejos para el uso de cintas métricas

No todas las cintas métricas existentes en el mercado son de fiar, como tampoco son los metros plegables. Existen fabricaciones baratas en las que el grabado de las graduaciones y subdivisiones de las medidas representadas difiere -a veces con considerable error- de las auténticas medidas aceptadas. Aparte de una fabricación descuidada y sin control, en según qué cintas o metros pueden influir también la clase de material empleado y, especialmente en los metros plegables, las articulaciones de las varillas.
Las diferencias (pueden existir de hasta 5 mm por metro) carecen de importancia para la medición de obras de envergadura y de mucho volumen o superlicie, como pueden ser algunas de albañilería, revestimientos superficiales al evaluar lo que se necesitará, así como para calcular el material necesario para trabajos con madera maciza, tableros prefabricados, paneles plásticos, material de aislamiento, etc. Pero sí serán importantes en trabajos de precisión tanto mecánicos, en los que es preciso un perfecto ajuste entre las piezas, como para muchas construcciones con diversos materiales (metales, madera, plásticos, etcétera) en que se ha de lograr que correspondan medidas de unos cuerpos como, por ejemplo, armarios, con los elementos que se les lienen que integrar (puertas, estructuras para cajones, etc.).
Frente a todas estas irregularidades de los citados instrumentos de medición, se podrá tener bastante mayor seguridad con las reglas metálicas, las cuales pueden servir de contraste para identificar los posibles errores de cintas y metros plegables.
En cualquier caso:
1. Tomar todas las medidas siempre con el mismo instrumento.
2. Valerse del mismo instrumento utilizado en la toma de medidas para plasmarlas en los trazados de la construcción para la que han sido tomadas.
3. Si se tienen que realizar construcciones a partir de explicaciones y exposición de las mismas en dibujos acotados o a escala, valerse de un instrumento que haya sido preferiblemente contrastado con otro de garantía total o, mejor, utilizar reglas metálicas para el marcado de las medidas.

Herramientas para el aserrado

De igual modo se podrá realizar el aserrado con herramientas manuales como con eléctricas. La diferencia estribará en un mayor esfuerzo físico con las manuales y el tener que asegurarse muy bien en el posicionado y en la retención de los tableros antes de poner en marcha la sierra eléctrica. Téngase presente que, en el caso de trabajar de modo inconveniente, por mala posición o por favorecer una pérdida de afianzamiento del tablero, las desviaciones que se produzcan con la herramienta eléctrica en marcha pueden dar lugar a perdidas importantes de material. Por ello resultará útil establecer unas guías de referencia durante la progresión del aserrado. Estas guías pueden consistir simplemente en listones retenidos por herramientas de apriete en cada extremo del tablero que se trocea. En caso de utilizar una herramienta eléctrica para cortar un tablero aglomerado, principalmente, pero también para todos los demás, sobre lodo si son gruesos, es aconsejable recurrir a las hojas con dientes de metal duro y hacer uso de la máxima velocidad de giro de la máquina. Lo ideal sería poder cortar a unas 12.000 revoluciones por minuto.

Manipulación de tableros

Los tableros prefabricados de madera se pueden adquirir cortados ya a medida, pero el sobreprecio que alcanzan hace perder ventajas a dicha adquisición. Para conseguir el ahorro hay que afrontar la tarea engorrosa de troceado, ante la cual se debe estar preparado tanto en utensilios como en conocimientos para llevarlo a cabo.
Lo primero que se hará es reducir el tamaño de un gran tablero a otros que resulten más manejables. Es indudable que si se parte por la mitad o en tres o cuatro partes la superficie (la más normal es de 1.220 x 2.440 mm), que resulla de difícil asentamiento, el troceado se facilitará en gran manera. Ahora bien, sería absurdo realizar un troceado de mitad o de tres o más trozos que no respondieran a un aprovechamiento lo más íntegro posible del tablero. Por lo tanto, lo recomendable es trasladar sobre un dibujo a escala los trozos que se pretende obtener y ver cuáles son las líneas de partición comunes a dos o más trozos, para así establecer los cortes fundamentales a partir de los cuales se conseguirán los demás trozos más pequeños. Estas líneas fundamentales de corte son las que se trasladarán al tablero materializándolas con trazos.

Trazado y preparación del tablero.
Cuando se realice el trazado, hay que efectuar los trazos con líneas (o dobles líneas paralelas) que marquen el grosor necesario que se perderá en el aserrado.
Salvo que se tenga mucha habilidad y se disponga de herramientas y elementos auxiliares de guía, convendrá asegurar algo más que este estricto grosor de corte de hoja de sierra, pues hay que contar con eventuales desviaciones que originarán rectificaciones.
Independientemente del tipo de herramienta, se tendrá en cuenta la clase de tablero que se va a trocear. Los tableros aglomerados sin revestimiento no requieren precaución. En cambio, en los tableros chapeados, plastificados o que tengan cualquier revestimiento, es importante, para evitar astillados o desportillados de dichos revestimientos, tomar una precaución elemental: realizar un corte con un cúter o formón siguiendo la línea de corte o bien, en el caso de los tableros plastificados, cubrir la mencionada línea de aserrado con una tira adhesiva que se podrá arrancar inmediatamente después de haber realizado el corte.