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    Vinilos pared

    Más que de tratarse de un producto competidor de las tiras autoadhesivas a una y a dos caras, en realidad es una especie de complemento que en algunos casos será más indicado el uno o el otro producto. Las tiras autoadhesivas requieren para cumplir su función unos soportes lisos y limpios.
    El velero si bien en su variedad con adhesivo incorporado (tanto en su versión reactivable como autoad-hesivo) exige iguales condiciones, puede igualmente ser cosido o grapado o clavado a un soporte que admita estas soluciones (una tela o alfombra, una superficie fibrosa o relativamente blanda como puede ser la de un escayolado, etc.).
    Como sea que consideramos que el velero puede ser de un gran interés para muchas soluciones de bricolaje, creemos que es importante profundizar en lo que es y en su principio.

    Casas paredes

    Realizar el tensado de todo el lienzo tal como se ha explicado anteriormente pero cuidando que la tela, en lugar de quedar tensada en el otro lado vertical de la misma pared, se realice en la contigua, d), después de haber rebasado el ángulo que forman la que se tapiza y aquella en la que se grapa. De esta manera las grapas quedarán escondidas cuando se proceda a realizar el nuevo recubrimiento.

    Acabado del parqué

    El uso de la «fregona» humedecida ligeramente servirá para una limpieza corriente del parqué.
    Acabado

    El barnizado o vitrificación proporciona una resistencia que aumenta con el tiempo, ofrece un mantenimiento fácil y económico, dura bastantes años y, al propio tiempo, logra un acabado logrado y definitivo. Lo mismo da en mate, satinado o brillante.
    Convendrá elegir la clase de barniz en función de la humedad ambiental de la pieza revestida.
    Con humedades cercanas al 10-12 % (es decir, el caso más frecuente de humedad ambiental), utilizar un producto que dé lugar a que las tablas o tablillas empleados en el revestimiento acaben soldadas ya que siendo el barniz muy fluido (como un barniz de urea-formol en solución orgánica o un barniz de poliuretano) penetra en las rendijas.
    Si el entarimado tiene una humedad media inferior al 10 % (es decir se ve que está muy seco y presenta una buena homogeneidad en toda su superficie), podrán utilizarse todos los productos típicos empleados para el barnizado de la madera, incluidos los de urea formol en solución acuosa o bien hidroalcohólica.
    Si por el contrario la humedad ambiental es superior al 12 % se utilizará solamente un producto que tenga mucha viscosidad (urea formol en solución orgánica o poliuretano).
    Los encáusticos y las ceras serán los mejores acabados para esta clase de entarimados, siempre y cuando se procure buscar una cera dura del mercado, es decir la que contenga en gran parte cera de abejas de verdad. Naturalmente queda la solución de podérsela elaborar uno mismo fundiéndola (al baño de maría) con aguarrás. En las ceras, la esencia de trementina tiene tendencia a oscurecerlas mientras mayor cantidad de ella se diluya. Hay que poner atención, pues, en este detalle si se desea conservar una madera con el tono lo más parecido posible al natural.
    Aunque una cera diluida en poca cantidad de esencia de trementina sea más difícil de extender, siempre cabe el recurso de calentarla ligeramente y aplicarla tibia, lo que por otra parte favorecerá su impregnación en la madera.
    Independientemente de que después se haga recurso a ceras preparadas para mantenimiento de un parqué o entarimado, lo aconsejable es que la primera vez que se dé el encáustico se lleve a cabo con cera de abejas y aguarrás elaborado por uno mismo. O asegurarse de que el producto que se adquiere es realmente muy rico en cera, cosa que se notará por la resistencia que ofrece el producto al ser apretado con los dedos.

    Colocación de revestimientos de corcho sobre suelos

    Revestimiento de pared con losetas biseladas de corcho aglomerado con las que se consigue un efecto similar a una fábrica de material pétreo.
    La colocación debe realizarse sobre una superficie, lisa, sana y rígida. Las mismas exigencias que requieren los revestimientos a base de moqueta y los plásticos, son válidas para los de corcho.
    No volveremos a insistir sobre los trabajos de adecuación de suelos defectuosos ya que se ha hablado suficientemente en el capítulo que se ha dedicado a estas operaciones.
    Antiguamente los revestimientos de corcho solían realizarse sobre una capa intermedia de fieltro. Actualmente este procedimiento ha queda do superado con la colocación directa de las losetas o planchas sobre el mismo suelo mediante cola de contacto. Preferible a todo el trabajo complejo de tener que colocar una capa intermedia y luego sobre ella encolar las baldosas, es utilizar una baldosa de mayor grosor si se quiere conseguir un mayor aislamiento. En realidad, el uso del fieltro era una especie de compromiso para facilitar una buena adherencia del fieltro sobre el suelo y a su vez de las baldosas sobre el fieltro. Desaparecidas estas exigencias gracias a las colas de contacto no hay por qué multiplicar las manipulaciones.
    El recurrir a un primer recubrimiento con fieltro sólo es aconsejable en aquellos pisos de madera en los que se teme o prevé un eventual movimiento por contracción o dilatación. Pero incluso en estos casos, tal como ya se ha dicho, resultará más eficaz realizar un previo revestido con tablero aglomerado.
    Igualmente, han quedado prácticamente arrinconadas las baldosas que se juntaban por medio de rebajos o de ranuras (machihembrados) en los cantos. Las losetas vienen perfectamente recortadas de canto y permiten llevar a cabo juntas precisas. Con ello no sólo se logra un trabajo rápido y eficaz, sino que se evitan las roturas de las lengüetas y rebabas de las baldosas con labrados laterales que inevitablemente se producían.