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    Tapizado

    El velero está formado por dos cintas o tiras de nilón (concretamente de poliamida 66), obtenidas por procedimiento textil, pero cada una de las cuales presenta una característica especial. Una de ellas ofrece por la cara que se utiliza una especie de tejido de rizo o astracán, bucles muy espesos y diminutos (alrededor de unos 500 por cm2). La otra tira, en cambio, está provista de minúsculos ganchos (aproximadamente unos 50 por cm2). Al encarar la tira de astracán con la de los garfios (propia mente el velero) y pasar simplemer te la mano por el dorso de una de la tiras se produce un anclaje de los úl timos en los bucles que será tanti más resistente mientras mayor sea 1; presión que se haya ejercido par; reunir las tiras.
    Sin embargo, y pese a la resisten cia que ofrecen las dos tiras una ves reunidas, bastará un pequeño esfuerzo ejercido en un extremo de las tiras para lograr desprenderlas y que los garfios salgan de los bucles.
    Estas características hacen que el velero pueda resultar un excelente sistema para tensar telas y conseguir tapizados de pared de manera muy fácil, ya que bastará realizar un enmarcado de tiras en la pared y colocar en la parte correspondiente del revés de la tela la otra tira de velero.

    Casas paredes

    Realizar el tensado de todo el lienzo tal como se ha explicado anteriormente pero cuidando que la tela, en lugar de quedar tensada en el otro lado vertical de la misma pared, se realice en la contigua, d), después de haber rebasado el ángulo que forman la que se tapiza y aquella en la que se grapa. De esta manera las grapas quedarán escondidas cuando se proceda a realizar el nuevo recubrimiento.

    Acabado del parqué

    El uso de la «fregona» humedecida ligeramente servirá para una limpieza corriente del parqué.
    Acabado

    El barnizado o vitrificación proporciona una resistencia que aumenta con el tiempo, ofrece un mantenimiento fácil y económico, dura bastantes años y, al propio tiempo, logra un acabado logrado y definitivo. Lo mismo da en mate, satinado o brillante.
    Convendrá elegir la clase de barniz en función de la humedad ambiental de la pieza revestida.
    Con humedades cercanas al 10-12 % (es decir, el caso más frecuente de humedad ambiental), utilizar un producto que dé lugar a que las tablas o tablillas empleados en el revestimiento acaben soldadas ya que siendo el barniz muy fluido (como un barniz de urea-formol en solución orgánica o un barniz de poliuretano) penetra en las rendijas.
    Si el entarimado tiene una humedad media inferior al 10 % (es decir se ve que está muy seco y presenta una buena homogeneidad en toda su superficie), podrán utilizarse todos los productos típicos empleados para el barnizado de la madera, incluidos los de urea formol en solución acuosa o bien hidroalcohólica.
    Si por el contrario la humedad ambiental es superior al 12 % se utilizará solamente un producto que tenga mucha viscosidad (urea formol en solución orgánica o poliuretano).
    Los encáusticos y las ceras serán los mejores acabados para esta clase de entarimados, siempre y cuando se procure buscar una cera dura del mercado, es decir la que contenga en gran parte cera de abejas de verdad. Naturalmente queda la solución de podérsela elaborar uno mismo fundiéndola (al baño de maría) con aguarrás. En las ceras, la esencia de trementina tiene tendencia a oscurecerlas mientras mayor cantidad de ella se diluya. Hay que poner atención, pues, en este detalle si se desea conservar una madera con el tono lo más parecido posible al natural.
    Aunque una cera diluida en poca cantidad de esencia de trementina sea más difícil de extender, siempre cabe el recurso de calentarla ligeramente y aplicarla tibia, lo que por otra parte favorecerá su impregnación en la madera.
    Independientemente de que después se haga recurso a ceras preparadas para mantenimiento de un parqué o entarimado, lo aconsejable es que la primera vez que se dé el encáustico se lleve a cabo con cera de abejas y aguarrás elaborado por uno mismo. O asegurarse de que el producto que se adquiere es realmente muy rico en cera, cosa que se notará por la resistencia que ofrece el producto al ser apretado con los dedos.

    Colocación de revestimientos de corcho sobre suelos

    Revestimiento de pared con losetas biseladas de corcho aglomerado con las que se consigue un efecto similar a una fábrica de material pétreo.
    La colocación debe realizarse sobre una superficie, lisa, sana y rígida. Las mismas exigencias que requieren los revestimientos a base de moqueta y los plásticos, son válidas para los de corcho.
    No volveremos a insistir sobre los trabajos de adecuación de suelos defectuosos ya que se ha hablado suficientemente en el capítulo que se ha dedicado a estas operaciones.
    Antiguamente los revestimientos de corcho solían realizarse sobre una capa intermedia de fieltro. Actualmente este procedimiento ha queda do superado con la colocación directa de las losetas o planchas sobre el mismo suelo mediante cola de contacto. Preferible a todo el trabajo complejo de tener que colocar una capa intermedia y luego sobre ella encolar las baldosas, es utilizar una baldosa de mayor grosor si se quiere conseguir un mayor aislamiento. En realidad, el uso del fieltro era una especie de compromiso para facilitar una buena adherencia del fieltro sobre el suelo y a su vez de las baldosas sobre el fieltro. Desaparecidas estas exigencias gracias a las colas de contacto no hay por qué multiplicar las manipulaciones.
    El recurrir a un primer recubrimiento con fieltro sólo es aconsejable en aquellos pisos de madera en los que se teme o prevé un eventual movimiento por contracción o dilatación. Pero incluso en estos casos, tal como ya se ha dicho, resultará más eficaz realizar un previo revestido con tablero aglomerado.
    Igualmente, han quedado prácticamente arrinconadas las baldosas que se juntaban por medio de rebajos o de ranuras (machihembrados) en los cantos. Las losetas vienen perfectamente recortadas de canto y permiten llevar a cabo juntas precisas. Con ello no sólo se logra un trabajo rápido y eficaz, sino que se evitan las roturas de las lengüetas y rebabas de las baldosas con labrados laterales que inevitablemente se producían.