Posts Tagged losetas de madera

    Acabados paredes

    Cuando las paredes no ofrezcan suficiente garantía para retener sólidamente las grapas (o se trata de paredes de cemento u hormigón u otro material muy duro que las rechaza) no habrá otro remedio que recurrir al sistema tradicional de fijación de toda una serie de listones que constituyan como un marco en cada una de las paredes que se van a tapizar. Las partes interiores, tanto desde el punto de vista estético, como para lograr un buen aislamiento será conveniente rellenarlo con un material esponjoso (fieltros de fibra de vidrio o de fibras sintéticas, espuma de poliuretano, etc.).

    REVESTIMIENTOS PARA SUELOS A BASE DE MADERA

    La madera es otro de los materiales que se utilizan para el revestimiento de suelos.
    Podríamos englobar en dos grupos principales los sistemas para revestir un suelo con madera: los entablados o entarimados a base de tablas o tablillas de anchura variable (entre 5 y 16 cm, pero en algunos otros casos de mayor dimensión) y longitud también variable (entre 1 y 1,50 cm y más) fijada sobre un enrejillado básico de listones, previamente a la cubrición y el parqué o parquet (en francés), consistente en el uso de baldosas de madera prefabricadas, formando diferentes tipos de dibujos y combinaciones de los elementos de madera que los constituyen.
    Uno y otro sistema de revestimiento de un suelo tienen la posibilidad de poder ser llevados a cabo por un aficionado debido a las facilidades que para ello ofrecen los fabricantes. Hasta hace poco se podía considerar como algo exclusivamente reservado a los profesionales la colocación de un entarimado. Pero ahora, tanto por los acabados de los listones o tablas como por las herramientas de que puede disponer el bricolador, también se hallan a su alcance los entarimados, si bien supondrá seguramente toda una serie de trabajos complementarios que las baldosas de parqué prefabricadas eliminan gracias a su pulido y acabado.
    Tanto en un caso como en el otro, el trabajo no es tan fácil como el que corresponde a los revestimientos anteriormente descritos, pero puede resultar una gran solución cuando hay que proceder a la refección de un suelo muy deteriorado (de la naturaleza que sea: embaldosado con materiales pétreos, otro entarimado muy deteriorado, o cualquier otro tipo de pavimento).
    Para proceder a un entarimado o emparquetado no es preciso arrancar el anterior pavimento que originaría una gran cantidad de materiales de derribo, con todas las consecuencias molestas de polvo e inmovilización de los locales durante el tiempo que duran las obras que ello comporta.Una cosa muy importante que hay que tener en cuenta: La colocación de un revestimiento de madera, tanto si es un entarimado como un parqué, supone un grosor de bastante importancia sobre el antiguo pavimento, y mucho mayor que el que roba un revestimiento de moqueta, plástico o corcho, ya que en tanto que para éstos se precisan, a lo sumo unos 8-10 mm, un revestimiento de madera de la clase que sea rebasará en mucho el espesor anterior (puede ir desde 12 hasta 30 mm).
    Ello supone, por lo tanto, el tener que retocar puertas que se abren sobre el nuevo revestimiento… Lo que para la moqueta, plástico o corcho suponía un simple retoque (tal como ya hemos explicado), y en algunos casos ni este retoque es necesario si las puertas tienen suficiente holgura en su parte inferior, ahora, inexorablemente, se tendrá que actuar con mucha más contundencia en el rebajo.

    Fijación de los revestimientos plásticos

    Su colocación se realiza de manera análoga a la ya descrita en la aplicación de moquetas a tiras. También en este caso es preferible no querer aprovechar todo el material de los orillos, realizando una junta viva con los que vienen acabados de fabricación. Por mucho cuidado que se pusiera en la colocación se producirían inevitablemente desajustes y falta de coincidencia en las juntas, evidenciándose las soluciones de continuidad. Por lo tanto, debe pro-cederse, tal como se ha explicado anteriormente, por medio de superposición de un orillo de una tira sobre el otro colindante de la otra tira.
    El corte se realiza sobre los dos grosores al mismo tiempo, con ayuda de un cúter apoyado contra el canto de una regla metálica según una línea previamente trazada con lápiz. Los sobrantes recortados de una y otra tira se retiran. Acto seguido se levanta uno de los labios de la junta y resiguiendo con un lápiz el canto libre de la otra tira se marca en el suelo una línea recta la cual servirá de guía para centrar la tira autoadhesiva por ambas caras, de modo que quede repartida en su aproximada línea media longitudinal con la línea de lápiz trazada sobre el suelo. La tira autoadhesiva a dos caras se va aplicando del mismo modo que un burlete antoadhesivo, es decir, apuntando el extremo e ir fijándolo a medida que se va levantando el papel protector. Para tener una guía en el tendido se puede fijar un extremo con chinchetas y mantener levantada la tira hasta llevarla hacia el otro extremo y poder así orientarla en el sentido del trazo para después ir descendiendo poco a poco hasta que coincida su parte central con dicho trazo.
    Colocada la tira adhesiva se pegan los orillos de una tira y luego los de la otra haciendo presión con el canto de esta última contra el canto de la primera tira fijada. Para cerciorarse de la buena adhesión de los orillos de las tiras sobre la cinta autoadhesiva se puede pasar sobre la junta un rodillo o ruleta como los empleados para fijar los orillos de papel en la pared.
    Las eventuales ondulaciones que pueda presentar el revestimiento durante los primeros días desaparecen por sí mismas si se ha dejado la debida separación entre el revestimiento y las paredes. En el caso que el material sufriera una dilatación y chocase contra la pared, se pueden ir cortando pequeñas tiras laterales hasta que el revestimiento se allane por completo.