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    Revestimientos de paredes

    Una pared no tiene que sufrir continuamente pesos, roces ni pisadas. No obstante, en algunas partes recibirá alguna acción superficial de roce e incluso tendrá que soportar el peso de un cuerpo que, suspendido, de la propia pared actuará continuamente sobre ella dejando sus huellas. De ello se desprende que los materiales que puedan destinarse para revestir una pared son muchos más que los que se utilizan para revestimientos de suelos, los cuales, esos sí, requieren tener unas características de resistencia importantes.
    Así pues, además de los mismos materiales que hemos visto que se podían utilizar para revestir un suelo (moquetas, plásticos, corcho, madera, materiales pétreos, en sus diferentes versiones y variedades), podrán utilizarse otros para revestir una pared e incluso sin necesidad de que sean tan fuertes, ni tan resistentes. Así, por ejemplo, partimos ya de los recubrimientos de pintura y empapelado que poco aptos son para el suelo salvo en ocasiones excepcionales. Inmediatamente después de estos materiales «frágiles» tenemos versiones de moquetas que en su aplicación sobre paredes son muchos menos fuertes y con menor cuerpo, pues sería una lástima desaprovechar unas cualidades de resistencia y solidez para desempeñar una función que no las requiere. Sobre la pared se pueden aplicar tejidos, más o menos tensos, que no aguantarían mucho tiempo en el suelo al ser reiteradamente hollados. También podrán revestirse las paredes con tableros delgados cuya apariencia externa tenga, en cambio, una importancia decorativa y contribuyan a formar una cámara de aire de aislamiento.

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    Adecuación de los pavimentos a revestir

    Aun cuando hemos dicho que un parqué o entarimado permite su colocación sin necesidad de arrancar el pavimento existente, si está muy deteriorado convendrá realizar un simple trabajo de alisado con un producto sellador o nivelador. Los productos selladores son básicamente de dos clases: unos a base de cemento que serán los más adecuados para igualar pavimentos duros, embaído sados hidráulicos o cerámicos y otros que pueden también utilizarse estos mismos objetivos, pero que serán los más idóneos para la igualación de suelos de madera, rellenar sus grietas y eliminar los posibles crujidos que puedan producir al ser pisados.
    Una vez restaurado el viejo pavimento podrá intercalarse entre las baldosas de parqué y el suelo un material aislante que al propio tiempo que hará las veces de cojín amortiguando las pisadas, aportará un ventajoso aislamiento térmico y acústico. Naturalmente, este material tendrá que ajustarse a las exigencias de colocación de cada tipo de baldosa de parqué según que requiera ser encolado o clavado.
    En cambio, cualquiera de ellos podrá convenir como base de un superparqué colocado simplemente por ensamblado de cantos.
    El denominado «superparqué» o «parqué flotante» tiene la ventaja de que no requiere ser fijado
    al suelo por medios mecánicos o cola. En esta figura se muestran dos modelos diferentes en forma de baldosas o de tablas.
    Una muestra de elemento modular de parqué flotante en el que se ve la cara buena ya acabada y el reverso con madera en bruto.

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